Idioma: Español
Fecha: Subida: 2026-10-26T00:00:00+01:00
Duración: 44m 51s
Lugar: Entrevista
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Libisosa: cómo reconstruir una ciudad destruida hace 2.000 años | Héctor Uroz | Código Eureka #01

Una ciudad congelada

Descripción

Durante siglos, una cabeza de piedra permaneció empotrada en el muro de un granero romano. Antes había formado parte, probablemente, de un monumento funerario ibero. Ahora puede aportar una pista decisiva para buscar la necrópolis de Libisosa.
Pero ¿cómo se pasa de una piedra fuera de lugar a reconstruir una ciudad, la vida de sus habitantes y las huellas de una destrucción violenta ocurrida hace dos mil años?
Conversamos con el arqueólogo Héctor Uroz sobre el método arqueológico, los límites de lo que podemos afirmar y la extraordinaria conservación de Libisosa: una ciudad iberorromana marcada por un abandono repentino, posiblemente relacionado con las guerras sertorianas.
Hablamos también de romanización, excavaciones irreversibles, objetos cotidianos, conservación del patrimonio y del enorme trabajo que continúa cuando termina una campaña. Solo se ha intervenido aproximadamente en el diez por ciento del yacimiento, pero ya se han inventariado unas 160.000 piezas.
¿Qué preguntas siguen esperando bajo el resto de Libisosa?
Código Eureka. Las claves del conocimiento.
#Arqueología #Libisosa #Historia #Divulgación #CódigoEureka

Transcripción

¿Qué es un contexto cerrado en arqueología? Explícalo, por favor. Es como abrir la puerta del regreso al futuro. Es como meterte en un DeLorean, una cápsula del tiempo, o asomarte por la ventana de la historia. Es esa tarta como si tú la hubieras metido en un táper y lo envasas al vacío. Son fruto de algún tipo de episodio violento, destructivo, que hace que una ciudad se quede encapsulada, encapsulada en el tiempo. [Música] Durante siglos, una cabeza de piedra fue una piedra más, sin rostro, fuera de lugar, empotrada en el muro de una construcción romana. Pero esa cabeza había pertenecido a otra construcción anterior, a otro tiempo, probablemente a un monumento ibero. Y ahora nos puede enseñar algo que Libisosa todavía no nos había contado, su necrópolis. ¿Cómo se pasa de una piedra en un muro a reconstruir una ciudad? ¿Y a sus habitantes? ¿A las huellas de una guerra ocurrida hace 2.000 años? Esto es Código Eureka. Y hoy vamos a intentar descifrar las claves de Libisosa con el arqueólogo Héctor Uroz. Héctor, ¿qué tal? ¿Cómo estás? Encantado de estar aquí. Bueno, estamos hablando de Libisosa, pero ¿qué es Libisosa? Libisosa es uno de los campos de investigación ahora mismo de la arqueología española, y casi diría que internacional más relevantes, porque tiene todas las fases históricas que se puedan desear pero que puedan confluir en arqueología, prehistoria, mundo ibérico, época romana, época medieval, y algunas de ellas, como son la época ibérica, sobre todo final y época romana primigenia, en un nivel de conservación excepcional. Héctor, ¿tienes delante una cabeza de piedra que no tiene rostro, que está empotrada en un muro de un granero romano? ¿Qué ves, en un momento dado, para pensar, esto nos va a llevar a una necrópolis ibérica? A ver, lo importante es conocer el código semántico. ¿Qué es eso? Nosotros reconstruimos un puzzle, que es la historia, y lo hacemos a través de una serie de piezas. Cuanto más piezas tienes, mejor puedes reconstruir ese puzzle. Pero si tú has reconstruido ya muchos puzzles antes, sabes reconocer la escena por una sola pieza. Nosotros ahí teníamos una pieza que es, era, y es una cabeza que ahora sabemos que es masculina, que enseguida pudimos deducir que había formado parte de un monumento funerario ibérico, de una escena mayor, en la que ese objeto formaba parte de un lenguaje. Venimos de un verano en el cual ha habido una protagonista clara, indiscutible del panorama cinematográfico, que es La Odisea. Ahora está siendo sustituida paulatinamente por La bola negra, pero La Odisea forma parte de una epopeya, junto con la Ilíada, de los orígenes heroicos de la aristocracia griega. Es un relato que se utiliza para conmemorar un pasado heroico reconstruido para explicar una historia que lo que hace es apuntalar el orden presente. Es decir, esta gente lo que hace es tirar del mito para construir políticamente aquello que apuntala el orden establecido. Ellos se justifican en base a esos relatos. La iconografía ibérica, el mundo ibérico, funciona de una manera similar. Lamentablemente no tenemos escritos, no tenemos narraciones, como lo tenemos para época clásica, pero sí que tenemos las escenas del cómic. Es un cómic mudo, sin texto, y precisamente los que nos hemos dedicado a reconstruir eso, nos sabemos tan bien las viñetas, que cuando nos sale un trocito de papel de la viñeta, podemos saber a qué número del cómic de la historieta pertenece. Y esto es un poco lo que nos sucedió con esta cabeza. Pero la piedra de la que estamos hablando, ¿dónde apareció exactamente, en qué momento? Pues estaba caída, estaba formando parte de un derrumbe de ese muro de un edificio romano. Y yo recuerdo que volvíamos del almuerzo, de la hora del almuerzo, y un compañero nos comentó que parecía que había un relieve en una de las piedras caídas. Nos acercamos, vimos, y efectivamente se veía parte del cabello, parte de los rizos que nos hacían identificar el objeto como parte de una cabeza humana. ¿Y cómo lo datáis en el siglo V o IV antes de Cristo? V o IV, por paralelos. Nosotros conocemos, se conocen muy pocas cabezas, porque normalmente las esculturas se fragmentan y aparece el resto del cuerpo, la cabeza pasa por otras vicisitudes. Entonces, de ahí también la importancia del hallazgo. Y tenemos paralelos, conocemos otros, y justamente con ese paralelo podemos identificarlo. Decís que es un varón joven, ¿en qué os basáis para decir eso? En el pelo y en lo que se conserva de la cabeza. La cara no está, pero tenemos perfectamente los laterales y la parte trasera, y justamente la representación de las orejas nos sirve para descartar la identificación femenina, que el pelo sea largo, nos habla de que es un varón joven, y luego la categoría aristocrática la da el propio hecho de que se represente. ¿Y cómo conectáis esa figura con la posible necropolis? Porque todo lo que conocemos a nivel de ese tipo de representaciones son representaciones que se insertaban en necrópolis, en monumentos funerarios, que era donde se ubicaban para que el mayor número de gente y también las clientelas que dependían de esas élites, porque esto forma parte de una propaganda, y ese era el contexto de esa propaganda. Con lo que tenemos, ¿qué sabemos exactamente de esa escultura y qué no sabemos? Lo que sabemos es que es una escultura de bulto redondo, por lo tanto, de una figura estante, exenta, no es un relieve, que eso ya nos da mucha información, posiblemente de una persona estante de pie o un jinete, que es otro de los paralelos que conocemos, y lamentablemente no podemos saber cuál es la escena de la que forma parte, pero su propia existencia y, sobre todo, la técnica con la que está hecha, el nivel artístico ya nos da muchísima información. -¿Tenía color? -En origen, sí, toda la escultura. Ese mundo clásico, arcaico, antiguo, blanco, está predeterminado por cómo nos ha llegado la piedra, pero todo esto iba pintado. -¿Y qué nos dicen esos pigmentos? -Todavía no lo sabemos, porque es muy difícil encontrar restos de pigmento. Le hemos hecho las pruebas, no tenemos todavía los resultados, seguramente no queden restos suficientes para darnos mayor información, pero hay que pensar en colores ocres, muy llamativos, rojizos, también dependiendo de los materiales que se usaban para colorear. El mundo clásico, si nosotros fuéramos arcaico, antiguo, la antigüedad, si nosotros nos pudiéramos teletransportar y darnos un paseo por estas esculturas y sus edificios, la gente se sorprendería muchísimo de los colores que tenía. -¿Por qué es tan importante que se trate de una pieza relacionada con algo funerario y qué lo hace distinto a una simple pieza bonita? -Lo bonito es muy relativo y yo creo que también está muy predeterminado por el valor que le damos. Yo utilizo mucho el concepto arqueología bonita, pero la arqueología bonita en mi divulgación, pero la arqueología bonita en realidad es como cuando miras a tus hijos, depende de los ojos con los que lo mires. A mí me parece la pieza preciosa porque me da una información brutal, no tanto por una cuestión estética que no sé de dónde viene. Y el hecho de que se relacione con el mundo funerario nos abre una nueva vía de investigación. Nosotros tenemos mucha información no total, tenemos el 10% excavado del yacimiento, solo el 10% del hábitat, pero no hemos intervenido todavía en el mundo funerario. Y poder tener la oportunidad de contrastar el mundo de los muertos con toda esa ritualidad y todo lo que hay detrás, junto con el mundo más terrenal del hábitat, es algo que en arqueología muy pocas veces se tiene la oportunidad de hacer. Antes de empezar a explorar en el terreno, ¿qué información tenéis exactamente? O mejor dicho, ¿qué decisiones tenéis que tomar antes de empezar a excavar en un sitio o en otro? ¿Qué es lo que es justo antes de verte en el terreno? En arqueología estamos tomando decisiones constantemente. Eso es como tener un quirófano con un enfermo abierto. Nosotros, en vez de tener la sangre, tenemos la tierra, vamos succionando, vamos limpiando y vamos interveniendo. Por eso es tan complicado y tan difícil y tan peligroso decidir dónde excavar y acometer la excavación, porque no sabéis en realidad con qué te vas a ir encontrando. Entonces, tienes que acumular mucha experiencia para ir dando respuestas a cada desafío que te va surgiendo en el proceso de campo. Desde el seleccionar dónde, porque tú tienes unos recursos. Si equivocas el tiro, esa campaña ya... -Gasta, ¿sí? -Efectivamente. ¿Cómo decidís? ¿Lo decidís al azar? ¿O qué criterios seguís? No, el azar, la intuición puede a veces utilizarse. El azar no, desde luego no hay nada al azar. Tenemos fórmulas dependiendo de si el yacimiento ya está excavado o no. Es decir, empezar un yacimiento nuevo no es el caso, porque en Libisosa llevamos 30 años. Es siempre un desafío, aunque también tienes más donde seleccionar. Y decidir dónde vas a ir dirigiendo la investigación en cada momento es muy complicado y multifactorial. Nosotros llevamos tres o cuatro años dedicados a hacer una actividad asistencial al parque arqueológico. Libisosa es un parque arqueológico de Castilla la Mancha que está ahora mismo en periodo de puesta en valor, de consolidación, y había una serie de recorridos para la gente que hay que ir terminando. Volvimos a esta zona, que es una zona cercana al foro de la colonia, a terminar el Decumano, que es una de las calles principales, al foro. Y, en fin, es curioso porque nosotros nos hemos dedicado, yo me he dedicado gran parte de mi vida académica a perseguir el mundo ibérico. No en un primer momento a mí me encontró. Y es curioso que estamos excavando en una zona romana que no tiene nada que ver. Y esa escultura reutilizada en un muro romano es como si hubiera dicho "Ey, que aquí estoy, no os olvidéis de nosotros". El mundo ibérico ha venido otra vez a cogernos y darnos una información diferente. Porque nosotros tenemos mucha información del ibérico final, de la última época, la que convive con los romanos, pero de ese ibérico antiguo, siglo quinto o cuarto, que decías, al que corresponde la escultura, tenemos mucha menos información. Y es como el agua que va encontrando salida. Es una fuente de conocimiento que va emanando y nos persigue de alguna manera. Has puesto la metáfora del quirófano, la retomo, porque, como cuánto de irreversible tiene alguna de las cosas que tocáis, entiendo que quizá uno de los peligros es que metas mano donde no debes, como no debes, y ocurra algo que ya no tenga remedio. Por ejemplo... Todo es absolutamente irreversible en arqueología, de campo, en la excavación. Un paso en falso no tiene vuelta atrás. Por eso es tan serio lo que hacemos. Por eso la arqueología de aficionados no existe. Por eso es tan dañina el trabajo de los furtivos, de los detectores... y por eso tenemos que hacer mucha pedagogía. Cuando nosotros retiramos un estrato o un nivel, esto es como una tarta de esos varios chocolates, y cada nivel, el chocolate negro, el chocolate blanco, es una época. Nosotros podemos identificar esas épocas en función de las piezas que nos aparecen en uno de esos niveles de la tarta. Si tú, cuando retiras uno de esos niveles, o te lo comes, no has identificado bien, es como si a alguien le haces una prueba de menú. Y te dicen, dígame usted que le ha parecido cada ingrediente de la tarta, y son de esas tartas de varios pisos. Y te la comes así, en sección, y mezclas todos los sabores, no es lo mismo que si empiezas a retirar con el tenedor capa por capa. Ahí es cuando eres capaz de decirle al maître o a quien te haga la pregunta, esto está hecho de zanahoria, esto es chocolate, etc. Entonces, nosotros la retiramos por capas. Si una de esas capas, cuando la retiramos, no la documentamos bien, eso ya no existe, no tiene vuelta atrás. Que el peligro, no solamente que lo podáis destruir físicamente por mala manipulación o con un objeto, un golpe, sino que perderéis la información, porque si la información no está tan contextualizada, la hemos liado. Nosotros trabajamos por contextos. Un objeto, una pieza, un fragmento de ese puzzle, del puzzle de la historia, existe y lo podemos interpretar en relación con otros, o en relación con el nivel en el que ha aparecido. Si eso no se va documentando de forma minuciosa, a mí, si alguien un día te trae y dice "mira lo que he encontrado" y te lo trae en la mano, pues muy bien, pero no me sirve absolutamente de nada. Eso es un trabajo de anticuario, no es un trabajo arqueológico. Luego, eso te lo dice la tierra, porque los profanos lo que vemos es tierra con un color un poquito más oscuro, más claro, más no sé qué, pero vosotros ahí veis otras cosas. Ese color, acompañado de una textura, es lo que a nosotros nos hace diferenciar esos niveles de la historia. A veces, un cambio de tierra es fruto de muy poco tiempo, pero otras veces es fruto de un abandono del contexto de la ciudad, de lo que estamos interviniendo. Libisosa se la ha llamado "la Pompeya ibérica". Sé que a ti no te termina de convencer la metáfora, pero, bueno, ¿hasta qué punto es válida la comparación y qué parte no sería tan válida? A ver, tiene un porqué, y el porqué es un concepto que en arqueología manejamos, que voy a explicar, y que es el de contexto cerrado. ¿Qué es un contexto cerrado en arqueología? Explícalo, por favor. Es como abrir la puerta del regreso al futuro. Es como meterte en un DeLorean, una cápsula del tiempo, o asomarte por la ventana de la historia. Es esa tarta como si tú la hubieras metido en un táper y lo envasas al vacío, y se lo encuentra alguien 2.000 años después, la tarta intacta. Entonces, nosotros, con los contextos cerrados, son fruto de algún tipo de episodio violento, destructivo, que hace que una ciudad se quede encapsulada, encapsulada en el tiempo. En Pompeya, todos sabemos que hubo la erupción de un volcán, etc. , y en Libisosa tenemos la vicisitud de, muy malo para ellos, a veces, la violencia o la destrucción. En el pasado, lo que sufrieron en un pasado es un regalo para los arqueólogos del presente, lo sentimos mucho, pero funciona así. Fue un contexto de conflicto militar, guerra, batalla, y hubo un incendio, un abandono de la ciudad en torno al primer tercio, años 80, del primer siglo a.C. Se abandonó precipitadamente, la gente se dejó todo tal cual, o hubo una zona que no se volvió a ocupar, hasta que nosotros llegamos un día, destapamos aquello, destapamos los escombros de las paredes, y nos encontramos en seres, espacios tal cual, se encontraran justo en ese momento anterior. En eso sí que, evidentemente, se parecen, y también es lo que nos supone para la investigación, es decir, no es lo mismo. ¿Y qué es lo que no es comparable? Nuestro equipo estuvo durante muchos años también interviniendo en Pompeya. De hecho, estuvimos excavando a la vez, con diferencia de un mes. Nosotros excavábamos en una parte del verano esos contextos cerrados en Libisosa, íbamos en otoño, y excavábamos en Pompeya. Entonces, quizá, por eso, a lo mejor, mezclar cosas, no me parezca tan bien. Y quizá también, porque yo, en los últimos años, estoy reseteando la manera en la que tengo de divulgar las cosas. A ver. La arqueología es muy visual. Y la arqueología bonita, que decía antes, se vende mucho y muy bien. Y quizá, explotando la parte espectáculo de la arqueología, no estamos mandando el mensaje correcto a la sociedad. Eso ha pasado quizá mucho en Pompeya. Y eso es lo que a mí no me gustaría que pasase con Libisosa. Quizá yo he contribuido hace unos años a ello, en cierta medida, porque una manera de llamar la atención también. Si tú tienes unos contextos maravillosos, yo le pido a la gente que se haga un... se pasee, haga un poco de scroll por nuestras redes, YouTube, en Instagram, que vea imágenes de esos contextos cerrados de Libisosa, y se dará cuenta de la espectacularidad que supone encontrar cientos y miles de objetos en perfecto estado. Eso es muy espectacular, muy llamativo. Pero, ¿qué es lo más importante de todo eso? Pues que no tienes una pieza del puzzle, tienes el puzzle entero. Tienes la foto, ni siquiera se ven las grietas del ensamble de piezas. Y eso es lo que quiero, o me gustaría destacar. Y quizá, muchas veces el feedback que tenemos, periodismo titular de prensa, en arqueología estamos muy tentados de vendernos por un buen titular, o un titular regulero, que de alguna manera proyecte. De repente todo el mundo ha leído en la portada del periódico nacional algo sobre tu excavación, y de repente tu excavación es muy importante. Aunque tú hayas publicado antes no sé cuántos papers, no estoy hablando del caso de Libisosa, sino en general, de lo que supone la tentación de venderte un poco por eso. Y eso es reconfortante y, sobre todo, coloca a tu proyecto en el mapa. Pero eso tiene que ir seguido, muy, muy estrechamente, de explicar de verdad qué es lo importante que hacemos, porque, al final, la arqueología se hace en un laboratorio. Déjame recuperar la idea que has comentado antes, de un contexto cerrado, la ciudad congelada, que has dicho que tiene un precedente o que tiene un origen violento. Pero no recuerdo haberte oído decir cuáles son los indicios concretos que os llevan a decir que fue una destrucción, como una destrucción o fuego, pero cuáles son los indicios que tenéis. Porque vosotros lo habéis visto dos mil y pico años después. Claro, nosotros descubrimos esos niveles y, en función de la datación de la cronología de la fecha que podemos obtener por la confrontación, la comparación de piezas que encontramos, en este caso, por ejemplo, tenemos una gran acumulación de objetos que vienen de Italia, en ese primer proceso de romanización, y que son productos cerámicos que tienen una fecha muy precisa, que se producen en hornos y sabemos con precisión qué años son. Confrontando todo eso, nos da una fecha de los años 70, 80, primer tercio del siglo I a.C., y qué narices pasaban en esa época. En ese contexto es cuando es destruida. ¿Y por qué nosotros lo sabemos? Encontramos, destapamos esos escombros y encontramos todo tal cual. Por lo tanto, aquí había una destrucción o un abandono repentino. Sacamos los objetos, los confrontamos, primer tercio del siglo I a.C. , por lo tanto, guerras sertorianas, el conflicto bélico. Y, aparte, luego tenemos otros elementos. Encontrar un cadáver infantil en posición forzada, no depósito, sino muerto, como para pasar la tiza a los CSI, en medio de la calle, abandonado, evidentemente es una prueba clarísima de que el lugar fue abandonado, destruido por una acción violenta. Todo eso lo fuimos sumando a lo largo del tiempo, hasta que al final ya podemos decir que es abandonado, destruido en el contexto de las guerras civiles sertorianas. Has hablado de objetos romanos que son piezas movibles, pero, en cambio, las edificaciones son iberas. Entonces, hablamos de un periodo de transición, porque, al final, hablamos de que Libisosa era ibera, romana, un medio pensionista. Entre la época de la escultura, de la cabeza, hasta la época de la llegada de la Segunda Guerra Púnica, del paso cartaginés y luego del conflicto, de la guerra entre romanos y cartagineses, es un oppidum, que es el término que utilizaban en época antigua, para hablar de un lugar en altura, un poblado difícilmente franqueable, un oppidum ibérico, un poblado ibérico. A partir del 200, más o menos antes de Cristo, los romanos pasan por allí, en esa dinámica de conquista. Pero, claro, los romanos no tienen medios para administrar, gestionar todo. De hecho, los romanos, cuando empezaron a explotar las minas de Cartagena, con subcontratas, tenían subcontratas de publicani. -Se ha inventado eso hace tiempo. -Eran una gestión público-privada con empresarios, porque no tenían la capacidad de gestionar, de administrar todo. Entonces, ¿qué hacían? Aquellos poblados que se salvaron de la destrucción en el contexto de la Segunda Guerra Púnica, no confundir con las guerras sertorianas posteriores, que es solo entre los romanos, hacían un acuerdo, un tratado, con las élites locales. El tratado era, "Mantenéis la gestión del lugar, seguís siendo los jefes del lugar, pero ahora tu tierra ya no es tuya, es nuestra, es territorio romano y, por lo tanto, te la devolvemos en usufructo, pero nos tienes que pagar unos impuestos, ¿vale? Pero me tienes que tener a la gente tranquilita". Entonces, era una manera de tener el territorio controlado, pacificado y, a la vez, extraerle, evidentemente, los recursos. En ese contexto, esa situación, en la que además, seguramente, tenemos indicios para pensar que había un destacamento del ejército romano presente en Libisosa, precisamente porque tenían que controlar ese paso de otros ejércitos posibles, de las mercancías, del correo, que era una cosa muy importante para la comunicación. La comunicación era muy importante para mantener toda esa administración de un imperio, de un proto-imperio que todavía, en realidad, no lo era, se estaban reinventando, lo estaban inventando. Y para mantener el control de todo eso, tenía que haber un destacamento. Y la convivencia entre ese destacamento, entre esos militares y la población ibérica local, lo que genera es un proceso paulatino de autorromanización desde arriba. -¿Qué es esto? -Autorromanización. Autorromanización, es decir, las élites... O sea, el poder es como la energía, ¿vale? Ni se crea, ni se destruye, se transforma. Entonces, los que eran aristócratas iberos van a acabar siendo los duunviros, que es el nombre latino del alcalde, del que controla la jefatura política de la ciudad romana, que era colegiada, compartida, para un poco dar esa imagen de contrapeso, de contrapoder, que en realidad siempre había uno que tenía más poder que otro, pero bueno, esa es otra historia. Estos lo que quieren es mantener su situación privilegiada en el nuevo orden romano. Claro, y aquí entra otra vez la iconografía, y el cómic, y la viñeta, y el mito. Aunque parezca paradójico, uno de los mecanismos que va a desarrollar esta tardía aristocracia ibérica en proceso de autorromanización, es decir, de intentar encajar en ese nuevo orden, por así decirlo, colonial, es sacar pecho de un pasado mitificado. Es decir, nosotros también tenemos esos mitos a los que agarrarnos, esos héroes, esas epopeyas, esos antepasados, y por lo tanto somos perfectamente dignos de mantener esa nueva posición, o mantener esa posición aristocrática en ese nuevo orden. Hemos podido ser aristócratas, jefes iberos, ahora queremos ser jefes romanos. Y como es un sistema clientelar en el que hay distintos estratos, como la tarta, pero en política y en sociedad, que funcionan para apuntalar ese orden, ese poder, las clientelas también se van sumando al carro. Había una cosa muy curiosa que nosotros encontramos en esos objetos, los romanos que viajan, que tienen relación con el consumo del vino. El vino ya se conocía en la Península Ibérica, pero se va a potenciar con la llegada romana, es cuando se universaliza. Y de hecho, curiosamente, que se empiece a producir de forma masiva en la Península Ibérica, va a generar también que en Roma se consuma mucho más, y además se va a hacer con el mercado. El vino hispano era más barato, más malo, que el itálico, un poco al revés que ahora. Y va a hacer que el consumo, la producción masiva de vino, se generalizase entre todos los estamentos sociales, incluso las clases bajas. Pero el vino bueno venía de Italia, y además se consumía en objetos, en cerámicas, producidas en Italia. Y había unos pocos que tenían la posibilidad de formar parte de esos banquetes, esas reuniones, y beber el vino bueno. Y ahí es donde se tejían esos lazos clientelares, en el que había una aristocracia rectora cada vez más amplia, cada vez más extendida, numéricamente, que iba tejiendo esas relaciones, que era lo que a Roma le interesaba. Cuanto más pudieras tener esa red clientelar, más controlada tenías a la gente y al territorio. Pero claro, la imagen en la que tenían que proyectarse era que estaban dentro del orden romano, y a su vez sacar pecho de un pasado que era lo que a ti te daba el carnet de entrada a esa nueva posición. Luego, cuando Libisosa era un enclave estratégico, ocurrió un hecho puntual drástico que acabó con todo, que dices que es esa ruptura violenta, sin concretarlo, no lo quiero concretar yo, no quiero meterme yo en un jardín, entiendo que el que fuera un enclave geoestratégico importante, dejará de serlo, porque básicamente desapareció de un día para otro. Bueno, es un punto y seguido. Si te das cuenta, hablamos de Foro Romano, Colonia Romana, Muro Romano. Es decir, es un punto y seguido. Hay una destrucción, los romanos, el ejército protagonista de la misma, lo que hace es levantar una muralla en la parte más alta del cerro, del poblado, para hacerse fuerte allí, en ese contexto. Y esa muralla se va a mantener con el tiempo. Y unos años después, lo que se va a fundar antes de la ciudad, la Colonia Romana, es una fase intermedia, una categoría de no ciudad que los romanos llamaban "forum", en latín "foro", que lo que hacía era un poco poner en valor la capacidad mercantil económica del lugar. Era una gestión económica de un territorio muy amplio que se controlaba desde allí. Poco después, en época de Augusto, el primer emperador, lo que se le da es rango de colonia, Colonia Romana. Y además, con un derecho, el "ius italicum", que era el rango de derecho más elevado que se le podía dar a una colonia fuera de Italia, que prácticamente equiparaba los derechos a los propios romanos de la ciudad de Roma. ¿Por qué? Porque había que apuntalar el lugar. Es decir, si tú querías que hubiera un núcleo poblacional que te siguiera controlando ese lugar tan importante, desde el punto de vista geoestratégico, tenías que darle un incentivo. El incentivo no estaba, a lo mejor, en lo fértil que era el lugar, como sucedía en otras colonias. Entonces, había que buscarlo en una cuestión de derechos, de no pagar impuestos, por ejemplo. Y entonces, lo que levantan es un foro, que es, no confundir con la fase "forum", que es el ayuntamiento, el juzgado de las ciudades romanas. Y en el granero, que es el almacén, donde se almacenaban los excedentes, porque si había una carestía, la colonia lo que tenía era que garantizara la despensa del territorio. Controlaba muchos kilómetros alrededor y tenía una despensa, que si había una mala cosecha, incendio, lo que fuera, la gente no se moría de hambre, tenía unas reservas. Pues, justamente, en el muro de esa reserva se reutilizó parte de estos monumentos funerarios ibéricos, porque ya no tenían ese sentido tan especial, político, que tuvieron cuando los iberos lo hicieron. A los romanos les daba igual. Háblame de ese muro, porque te he leído que era un muro superancho, pero construido como de prisa y corriendo. ¿Por qué? Bueno, eso, en realidad, es lo que refiere a la muralla. -La muralla posterior. -Hablamos de dos cosas. La muralla que es anterior, es decir, en el momento de la destrucción, que tiene un lienzo de tres metros de anchura, que se levanta en cuestión de semanas, por 2.000, 4.000, 6.000 soldados, obras de estas que se levantaban de prisa y corriendo, justamente por la urgencia de protegerse. Y luego ya estos edificios posteriores para controlar político-administrativamente, en un momento posterior, es decir, cuando en Roma esa zona ya está pacificada, y que lo que hay que es ir perfeccionando la explotación del territorio. Y ahí es donde utilizan piedra cercana. Entonces, por eso nosotros sabemos, intuimos, que la necrópolis ibérica de esa primera fase está muy cerca, porque las piedras las cogen del entorno. Si pudiéramos entrar ahora al barrio Ibero-Romano, porque ya hemos quedado que es Ibero-Romano, ¿qué es lo que veríamos? ¿Qué escucharíamos? Y intuyo que hay ahí también temas, ¿qué oleríamos exactamente? Bueno, veríamos quizá algo que a mí me falta, y que no soy capaz de reconstruir del todo, y es el aspecto real, el acabado real de los edificios, porque nosotros encontramos zócalos, incluso en ese barrio que tenemos las paredes de adobe conservadas, es algo único en Europa, encontrar paredes de barro de mil y pico años de antigüedad. Ojo cuidado, ¿eh? Pero claro, el remate de todo eso, la pintura, seguramente roja, blanca, o sea, hasta qué punto era cuidado el exterior, es algo que a mí me gustaría mucho conocer del mundo ibérico. ¿Qué escucharíamos? Seguramente el viento. Con las zonas, claro, eso no cambia en 2.000 años. O sea, nada, dependiendo del día, la naturaleza... ¿Sería un lugar ruidoso, por la gente, digo? El mundo antiguo, dependiendo de las aglomeraciones, Roma, por ejemplo, millón de habitantes, un disparate, con grandes edificios, de varias plantas, sería muy ruidosa, creo que Libisosa no. Y luego oleríamos mal. El olor, mal, pero no por una falta de higiene, que esto también es un mito y hay que tener mucho cuidado con esto, pero por la manera de ambientar, por la relación que se tenía con el orín, los excrementos que se reutilizaban. La orina, había recipientes a las esquinas, para que se pudieran rellenar con las necesidades de cada uno, y luego los de la lavandería, los que tintaban la ropa, se lo llevaban, para usar el amoníaco. Olía diferente, y es un olor que a nosotros, a lo mejor, nos llamaría mucho la atención para mal. Serían esas tres grandes cosas, la incógnita del remate visual, el viento y la naturaleza, y el olor diferente. ¿Qué distingue un objeto romano comprado por las élites, de un objeto de la gente común y corriente? La arqueología, por lo general, podemos decir que nos abre la ventana a la historia de los menos favorecidos, porque la historia escrita de las fuentes literarias clásicas, grecoromanas, está enfocada hacia los episodios, los hechos, la política de las élites, porque las escriben las élites. Y hay grandes vacíos de la vida cotidiana, de las cosas comunes de la mayor parte de la población, que no nos van a reflejar las fuentes literarias. Pero es que la arqueología también tiene un sesgo, y es el sesgo de conservación. La mayor parte de utensilios de la gente normal, del campo, que formaban parte de la vida cotidiana, eran de material perecedero, esparto, madera. Eso no nos llega, nos llega la cerámica, nos llega el metal, y eso ya tiene un sesgo de lo que cuesta producirlo y lo que cuesta mantenerlo. Entonces, a veces, la visión que obtenemos de la mayor parte de la población a través de la arqueología también es bastante colateral. Los edificios que se conservan al final, ¿cuáles son del mundo antiguo? Los que más recursos se han empleado. Tengo aquí apuntado que lleváis el 10% y que eso, traducido a piezas, son 160.000 piezas inventariadas. A mí se me antojan muchas piezas. No sé hasta qué punto eso es, una bendición, por tener tanto material, o hasta qué punto podéis morir sepultados en una información que no podéis procesar. Es una ventaja y un inconveniente. Es una ventaja en la medida en la que tenemos más piezas del puzzle, el puzzle de estos de 160.000 piezas, y es una desventaja, efectivamente, por la gestión al final de todo ese material y la conservación. Pero fíjate, a mí lo de morir de éxito es algo que también estoy reflexionando un tiempo a esta parte. Cuando hablábamos, o te decía, de los pilares de nuestro proyecto de investigación, del desarrollo, de la divulgación, yo creo que llega un momento en el que si eso somos capaces de hacerlo bien a la administración, a la gestión, puede llegar a parecerles que a lo mejor ya no somos tan imprescindibles. Es como que aquello que funciona parece que funciona solo. No hablo necesariamente de un caso en concreto, sino de algo que se repite cíclicamente, que lo he visto en multitud de proyectos. Llega un momento en que dices, ahora esto pasa al turismo. Y dices, no, pero si es que la investigación... La importancia, por ejemplo, de que las universidades o los centros de investigación estén detrás de todos estos proyectos arqueológicos, de desarrollo cultural, tiene muchas más aristas de lo que se cree, tanto dentro como fuera de la universidad. Para poner cifras, un mes de excavación, ¿cuánto tiempo de procesamiento os lleva después? -Uno o dos años. -¿Un mes? Uno o dos años. Y lleváis el 10%. Esto es un proyecto a bastante largo plazo, ¿no? A bastante largo plazo. También los ritmos difieren en cuestión también de prioridades, de lo que dedicas a la excavación, a la investigación y, luego, también a la conservación, que decía antes, muy importante. Si tenemos paredes de adobe de 2000 y pico años de antigüedad, eso requiere de una protección especial, no de la normal, de la habitual, y requiere de unos fondos de financiación especiales que no siempre se tienen. En algunos momentos los hemos tenido y en otros momentos no los hemos tenido. Y eso pone claramente en riesgo la conservación de esas estructuras. La prensa, aquí mismo, incluso, una de las cosas que buscamos es, sobre todo, titulares, lo más espectacular, pero me gustaría darle la vuelta a eso, que me contaras una de las partes de vuestro trabajo que, siendo importantísimas, no llegan a los titulares, no llegan a los medios, pero, sin la cual, todo esto no se sostiene. El trabajo de laboratorio. El trabajo que se realiza incluso delante de un ordenador. No digo ya delante de las piezas. Iba a decir pico y pala, pero, en este sentido, la metáfora no es buena porque vosotros, literalmente, sí tenéis una fase de pico y pala. Efectivamente. La fase de excavación, de intervención, es muy espectacular, muy visual. Quizá hemos abusado en arqueología, en general, de potenciar esa fase porque es la más llamativa, y quizá lo que hemos trasladado a la opinión pública es que nuestro trabajo, básicamente, es eso. Cuando nuestro trabajo es, insisto, delante de libros, montañas de libros, medio abiertos, ahora ya PDFs, muchos de ellos, delante de un ordenador. Y eso también es muy difícil de explicar solo a veces a la administración. No solo a la gente, en general, sino también a quien está detrás de los permisos, de la financiación, y que, a lo mejor, en la universidad lo tenemos muy claro, todos sabemos cómo investigamos, pero eso es quizá lo que tenemos que empezar a intentar revertir, porque sin eso no se sostiene todo el ciclo de la cadena arqueológica. Y luego, el tema de la conservación. Se excava, se recuperan, pero si no se consolida ni se protege, se pierde. Y eso es la inversión, o sea, eso se come, toda la inversión, por cada mes de trabajo, volviendo a cifras, con lo que te puede costar, a lo mejor, una consolidación o una cubierta, de esta zona que decía de las paredes de adobe, que tenemos una parte de Libisosa que está al descubierto, sin tapar, y que se están degradando, porque no se han podido cubrir, porque no hay dinero para ello, no ha habido financiación para ello, y podemos perder paredes de dos mil y pico años de antigüedad, lo que sería una catástrofe. Pero, claro, la inversión que requiere eso equivale a 10 años de excavación. Bajo el 90% de Libisosa que todavía no se ha excavado, ¿qué te gustaría encontrar? No, mejor dicho, no, no que te gustaría encontrar, ¿qué respuesta, a qué pregunta, te gustaría encontrar? No tanto qué objeto, respuestas. Me gustaría encontrar algo que me hiciese replantearme todas las preguntas, que de repente me llevase por preguntas que nunca me he hecho, porque yo no hago más que darle vueltas muchas veces a las mismas preguntas, y yo creo, de verdad, que estadísticamente, vamos a ser claros, lo que hemos encontrado en Libisosa es un auténtico disparate, es quizá uno de los yacimientos que más ha aportado a nivel internacional en los últimos años, mayor número de respuestas en cantidad, en calidad y en variedad. Pero sería estadísticamente difícil que si hemos intervenido en el 10%, hayamos encontrado lo más relevante que esconde ese yacimiento. Entonces, yo todavía, aunque tengo la capacidad ya de sorpresa baja, he visto cosas, como Blade Runner, que otros arqueólogos... Naves en llamas en las puertas de Orión. ...habrían deseado, he excavado en Pompeya, he excavado en el contexto de Libisosa, he visto mucho, he tocado mucho y quizá más de lo que cualquiera pudiera desear, a lo largo de todo una vida. Pero yo creo que todavía ahí vamos a dar con aquello que digas, "Ostras, ni siquiera aquí yo me podía imaginar que me iba a encontrar esto". Pues, Héctor, muchísimas gracias por ayudarnos a entender un poquito más qué es Libisosa, la arqueología, cómo trabajáis y darle contexto a todo. Muchas gracias a ti y encantado y hasta siempre. Nosotros lo dejamos aquí. Nos vemos en una próxima edición de Código Eureka. Buenos días, buenas tardes y buenas noches.

Intervienen

Hector Uroz Rodriguez
Juan Carlos García Gómez
Servicio de Información Universitario (Campus de la Merced)

Organizadores

Juan Carlos García Gómez
Servicio de Información Universitario (Campus de la Merced)

Postproductores

Juan Carlos García Gómez
Servicio de Información Universitario (Campus de la Merced)

Realizadores

Javier Almela

Propietarios

UMtv Noticias (Universidad de Murcia)

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