Desde mediados de la década de los 90
la minería ha experimentado
un notable resurgimiento,
siendo un sector clave en el
proceso de globalización
y crecimiento económico.
La creciente demanda de
productos mineros,
especialmente los minerales críticos,
ha llevado a la reapertura de
minas y a la exploración
de nuevos yacimientos.
Este aumento en la producción minera
se ha visto impulsado
por avances científicos,
tecnológicos y organizativos,
y ha tenido lugar principalmente
en regiones periféricas
de la economía mundial, aunque
también ha afectado
a algunas zonas de Europa Occidental,
cuya producción ha disminuido
desde el año 2000.
Las políticas de liberalización
comercial
han jugado un papel importante
en este proceso,
facilitando el crecimiento
de la producción minera,
cuyos productos representan
una parte significativa
del comercio internacional.
Según los datos más recientes,
la producción minera mundial
alcanzó aproximadamente 17.900
millones de toneladas métricas
en 2021, se mantuvo en
niveles similares.
En 2022, a pesar de las advertencias
sobre un posible agotamiento
del sector,
la producción minera global continúa
mostrando estabilidad
con un crecimiento interanual
interanual acumulativo
del 1,84 por 100 entre 1984 2022,
en comparación con un 4,2 por
100 en el PIB mundial.
Este crecimiento se ha acelerado
significativamente
desde el año 2000, cuando
la tasa de aumento
de la producción pasó del
1,21 por 100 anual
entre 1964 2000 al 2,3 por
100 entre 4.000 22.
Además, los precios de los minerales
han experimentado
un aumento significativo desde
1984 hasta la fecha.
Los precios en términos reales
han subido un 1,56,
reflejando la creciente importancia
de la minería en la economía global.
Después de 4 décadas de caída en
los precios de los minerales,
desde 2002 se ha observado
una fase de aumento
con un crecimiento del 5,2
por 100 interanual.
Las crisis económicas a partir
de 2008 provocaron una caída
en los precios hasta 2016 debido
a la desaceleración económica
y a la disminución de la
demanda de minerales,
sin embargo, el sector ha mostrado
señales de recuperación
y consolidación.
Desde entonces este análisis
revela que la minería
sigue siendo un pilar fundamental
en la economía global,
con una trayectoria de crecimiento
tanto en volumen
de producción con precios y
reflejando su relevancia
en el contexto de la globalización
económica.
La descomposición geográfica
de la producción minera
muestra un cambio notable
en las últimas décadas.
La producción minera ha
experimentado significado,
ha aumentado significativamente
en China
y los países asiáticos de
planificación centralizada,
como en Oriente Medio, Asia
central y el Pacífico.
En contrario, ha disminuido
en Europa del Este
los territorios de la antigua Unión
Soviética y Europa occidental.
Este aumento en China y
los países asiáticos
ha sido impulsada por el
crecimiento económico
de la región, con un incremento
interanual
de la producción minera
del 4,2 por 100
en términos de participación
mundial, China,
y los países asiáticos pasaron de
representar el 11,6 por 100
de la producción mundial en 1984
al 27,4 por 100 en 2022,
mientras que los territorios de
la antigua Unión Soviética
y Europa occidental vieron
reducciones significativas
en su participación.
Desde 1984 los combustibles
minerales han sido los productos
más extraídos seguidos por
los minerales Ferro,
rosas.
Y los minerales industriales el peso
de los mineros de Ferrol.
Usos en la producción global,
aumentado del 4,97 por 100
al 8,55 por 100 entre 1984 2022,
mientras que los minerales
industriales han experimentado
una ligera disminución del 4,92
por 100 al 4,37 por 100.
Este crecimiento de la
producción minera
ha traído consigo un aumento
de conflictos políticos,
sociales y ambientales,
particularmente en países
en desarrollo,
pero también en las naciones
más avanzadas.
Es importante destacar que los
impactos de la minería
no solo afectan a las áreas locales,
donde se realiza la extracción,
sino que se extienden a lugares
lejanos con efectos tanto a corto
como a largo plazo esos efectos
incluyen consecuencias físicas
ambientales sociales económicas
y culturales además muchos
de estos problemas no son nuevos
Los historiadores ambientales
han señalado que existen vínculos
entre los impactos mineros del pasado
y los actuales.
El ser humano ha utilizado
los minerales,
desde la prehistoria, principalmente
para fabricar herramientas y armas,
los principales ingresos
de la minería,
datan de antes del 3.000
antes de Cristo,
con la extracción de piedras de
diferentes composiciones
para fabricar herramientas durante
la Edad del cobre
y del Bronce.
Entre el 3.000 el MCC antes de Cristo
se descubrió el cobre usando usado
para hacer herramientas y joyas,
y más tarde la mezcla de cobre
y extraño permitió
la creación del Bronce,
lo que supuso una revolución
tecnológica
en la Edad del Hierro hacia
el MCC antes de Cristo.
Este metal transformó la producción
de herramientas y armas,
los imperios antiguos,
desarrollaron métodos de extracción
de metales como el oro y la Plata,
y en Grecia y Roma.
La minería, a gran escala
se consolidó
mediante el uso de tecnologías
hidráulicas y mecánicas
durante la Europa medieval,
especialmente en regiones
como Sajonia y bohemia.
La minería experimentó un
auge, con avances,
como bombas hidráulicas y técnicas
de ventilación para minas profundas,
la minería del oro y de
la Plata en América,
especialmente en Potosí y Zacatecas.
Impulsó la economía europea
durante el renacimiento
y ya del siglo XVIII con la
revolución industrial.
El carbón fue esencial para
la industrialización,
mientras que la minería del Hierro
permitió la producción de acero
y el desarrollo de industrias
pesadas,
a partir del siglo XIX.
La minería se expandió globalmente,
especialmente en las colonias
europeas, en África,
Asia y Australia.
Sin embargo, esta expansión también
provocó efectos negativos
en el medio ambiente.
En el siglo XX, los avances
tecnológicos
en maquinaria y perforación
mejoraron la eficiencia minera,
la minería no solo ha sido crucial
para el crecimiento económico
y las revoluciones tecnológicas,
sino también ha tenido
efectos negativos
como la conocida como maldición
de los recursos naturales,
que puede frenar el desarrollo
de otros sectores
y generar desigualdades económicas.
En España la minería fue clave
durante la revolución industrial,
contribuyendo al desarrollo
económico y a la cobertura del déficit,
aunque actualmente el sector ha
renacido su contribución al PIB
es mucho menor que en el pasado,
cuando llegó a ser
una de las principales fuentes de
empleo y riqueza del país.
En los últimos años España
ha experimentado un renacimiento
de su sector minero,
que actualmente emplea a
unas 30.000 personas
y aporta cerca del 1 por 100
del PIB nacional.
Sin embargo, estas cifras también
están lejos de los niveles
alcanzados a finales del siglo
XIX y principios del XX.
Cuando el sector empleaba
120.000 personas
y representaba un 1,5
por 100 del PIB.
Durante esa época la minería
española jugó un papel crucial
en la cobertura del déficit
comercial del país.
España fue una de las grandes
potencias mineras
de la revolución industrial y su
auge minero en el siglo XIX,
impulsó la industrialización
y el desarrollo económico,
aunque también generó lo
que algunos consideran
como la maldición de los
recursos naturales.
El crecimiento de la minería
española en el siglo XIX
fue impulsado por la transformación
de los derechos,
sobre los recursos minerales a
través de la desamortización
del subsuelo.
Esta liberalización permitió
la entrada de capital
privado tanto nacional
como extranjero
y favoreció la expansión
de la producción
y exportación de minerales.
La ley minera de 1.825 marcó
el inicio de este proceso
y se continúa con leyes más
liberales en las décadas siguientes,
culminando con la famosa Ley de Base
de 1.868 la expansión minera
de España se desarrolló
entre 1.825 1918,
período en el que el
país se consolidó
como una de las principales
proveedores de materias primas
para la industrialización europea.
Durante esta etapa la inversión
extranjera
jugó un papel importante.
Sin embargo, tras la Primera
Guerra Mundial
el sector entró en una
fase de declive,
caracterizada por un aumento
de la regulación
y por el intervencionismo impulsado
por el nacionalismo económico.
La tercera fase de la
minería española
comenzó con el franquismo y
se extendió hasta la Ley
de 1973.
Se acentuó el nacionalismo y
la intervención estatal.
Con el aumento de empresas públicas
y privadas españolas en el sector,
a pesar de los esfuerzos
desarrollistas,
la minería inició una
etapa declinante
que culminó con la integración
en la Unión Europea
y la globalización económica.
La cuarta etapa,
desde la crisis del petróleo
hasta 2008,
marcó la desactivación minera y su
impacto en las cuencas mineras,
y también el éxodo rural.
La expansión de la minería española
en los siglos XIX y XX
se debió principalmente a
la creciente demanda
de materias primas para la
industrialización europea,
especialmente Hierro, carbón y
otros minerales, y España,
rica en recursos como plomo,
cobre, hierro y azufre;
se convirtió en un proveedor
clave para las industrias.
En Europa, a partir de 1.825
con la liberalización
del sector minero España atrajo,
inversiones extranjeras,
lo que permitió su integración en
los mercados internacionales.
Entre 1.830 1910 España
alcanzó un gran auge
en la producción de minerales,
destacando el plomo,
las piritas y el mercurio.
Los factores clave para
este crecimiento
fueron el aumento de la
demanda externa,
las ventajas competitivas de los
recursos naturales españoles;
la modificación del sistema legal
mediante leyes mineras
que liberalizaba en el sector y la
inversión de capital extranjero,
especialmente en la construcción
de infraestructuras,
como los ferrocarriles, además
la disponibilidad de mano
de obra barata proveniente
principalmente del sector agrario,
fue esencial para el desarrollo de
la minería en las primeras etapas.
Sin embargo, a partir de la
Primera Guerra Mundial
la minería española comenzó a
declinar debido a varios factores.
El aumento de los costes de fletes
y la competencia de países
extraeuropeos,
como Estados Unidos y Chile,
que se convirtió que se convirtieron
en grandes productores de minerales,
afectaron a la competitividad
de España.
Además, las innovaciones
tecnológicas en la producción,
siderúrgica y de azufre hicieron
que los demandantes europeos
buscaran sustitutos para las
materias primas españolas,
lo que redujo su demanda
a nivel interno,
el agotamiento de las becas
más accesibles,
el aumento de los costes
de extracción
y la especialización de la
mano de obra en minería,
también contribuyó al declive.
En respuesta a esta crisis
la minería española
experimentó una reconstrucción
técnica y organizativa,
apostando por la explotación
a cielo abierto,
la mecanización y la electrificación.
En el contexto político el giro
hacia el nacionalismo
durante el franquismo llevó a una
mala aún mayor control estatal
sobre el sector.
El Instituto Nacional de Industria
el INI, jugó un papel crucial
en la nacionalización y
reconstrucción de empresas mineras
y en la creación de empresas
públicas, como Hunosa y avaro
que buscaron asegurar el suministro
de materias primas
para la industrialización
autárquica del régimen.
El debate sobre la minería española
se divide en 3 perspectivas.
La visión estructural lista sostiene
que la minería formaba parte
de un modelo de capitalismo
periférico,
donde las ganancias se dirigían
al exterior,
perjudicando a la economía española
al general, poco valor agregado,
y empeorar la relación
de intercambio.
Los optimistas destacan los
beneficio de la minería,
como la creación de empleo,
el impulso a sectores
como los explosivos y
la marina mercante
y la mejora de la balanza de pagos.
Argumentan que sin capital
extranjero la minería no habría sido rentable.
Los pesimistas critican que
la inversión extranjera
tras la ley minera de 1.868 resultó
poca acumulación de capital nacional
y en la repatriación de beneficios,
afectando negativamente a
la balanza de pagos,
y limitando los efectos positivos
subsanaré, propone una visión,
una visión intermedia sugiriendo
que el balance macroeconómico
fue positivo,
pero a nivel regional y sectorial
los efectos fueron negativos
debido a la desigual distribución
de beneficios.
Las zonas aisladas, con escasas
infraestructuras
no generaron economías de
aglomeración mientras que otras mejor
conectadas lograron más
externalidades positivas.
El impacto en el capital humano y
las infraestructuras también
fue limitado.