Idioma: Español
Fecha: Subida: 2026-04-06T00:00:00+02:00
Duración: 12m 10s
Lugar: Documental
Visitas: 26 visitas

La Política Monetaria

Descripción

¿Quién no ha fantaseado alguna vez con una máquina de hacer dinero? La idea parece irresistible: si falta dinero, imprimimos más; si hay pobreza, fabricamos billetes. Pero la política monetaria empieza precisamente cuando entendemos que el dinero no es riqueza por sí mismo. El dinero es, ante todo, una promesa social: vale porque una comunidad confía en él, porque una institución lo respalda y porque sabemos que mañana otra persona lo aceptará. Por eso falsificarlo o producirlo sin control no resuelve la escasez, puede destruir la confianza que lo sostiene.

En esta escena del cuadro de Marinus van Reymerswale de 1539, y que se puede ver en el Museo del Prado, El cambista (o el recaudador) y su mujer, el recaudador o el cambista, según diferentes interpretaciones, está sentado junto a su esposa; ambos rodeados de monedas, cuentas y libros. La imagen es perfecta para recordar que el dinero nació unido al cálculo, al control y a la vigilancia. En economías antiguas, el valor del dinero dependía mucho del metal, del peso y de la autenticidad de cada pieza. Por eso, una falsificación masiva podía desordenar el sistema entero. Y también por eso, la economía nunca fue solo una cuestión de hombres en espacios públicos: las mujeres siempre han participado en las finanzas. Aquí vemos un ejemplo, dentro de la escena contable, participando en el mundo material del dinero, aunque la historia económica la haya relegado tantas veces al margen.

Hoy el dinero ya no depende del oro o de la plata que contenga una moneda. Es dinero fiduciario: dinero que funciona porque confiamos en que será aceptado y porque existe una autoridad monetaria que protege esa confianza. Aquí conviene desmontar otro mito: el dinero no se crea solo con una imprenta o con una máquina. En las economías actuales, buena parte del dinero se genera cuando los bancos conceden crédito y crean depósitos, siempre dentro de un marco regulado por el Banco Central. Y, principalmente con la compra/venta de bonos por parte de los Bancos Centrales, con las que regulan la cantidad de dinero en circulación.

La política monetaria no consiste, por tanto, en fabricar billetes sin límite, sino en gestionar las condiciones bajo las cuales circula el dinero, se presta, se ahorra y se usa. La pieza que nos muestra este cuadro de título: “A Money Saver” Coin Bank, cuya traducción sería algo así como “La hucha”: un banco de monedas, obra de la autora Clementine Fossek, fechado en 1935, y dentro de un grupo de otras acuarelas donde hay otros cuadros similares, parece humilde, casi doméstica, y precisamente por eso funciona tan bien en un enfoque feminista.

El ahorro cotidiano, la administración del gasto y la previsión del futuro han recaído históricamente sobre los hogares y, dentro de ellos, muy a menudo sobre las mujeres. Esta imagen permite subrayar que la economía monetaria no se juega solo en los mercados financieros o en las salas de los bancos centrales: también se juega en la cocina, en la libreta de gastos, en la compra semanal y, en la pregunta de si a fin de mes queda algo para guardar.

La institución clave en la Política Monetaria es el Banco Central. Y una de sus tareas principales es contener la inflación, es decir, evitar que los precios suban de forma persistente y erosionen el poder adquisitivo. Cuando la inflación se acelera, los bancos centrales suelen subir los tipos de interés para “enfriar” el gasto y el crédito. Cuando la economía se frena demasiado y la inflación cae en exceso, pueden bajarlos para “estimular” la actividad. No es una fórmula mágica, pero sí una herramienta decisiva. La política monetaria, además, es distinta de la política fiscal: no decide impuestos ni gasto público, sino el precio del dinero y las condiciones generales del crédito.

Johannes Vermeer, en esta obra de 1664, denominada: Mujer sosteniendo una balanza, que puede disfrutarse en la National Gallery of Art ofrece precisamente esto, la imagen de una mujer que sostiene una balanza inmóvil sobre una mesa con joyas y perlas. La imagen condensa muy bien la idea de equilibrio monetario. Un banco central no busca solo que haya dinero; busca que haya una cantidad y a un coste del dinero compatibles con una economía estable. Así, cuando hay muy poco crédito la actividad económica se puede asfixiar. Por el contrario, demasiada expansión puede alimentar la inflación, o incluso las burbujas.

Esta búsqueda de equilibrio debe plantearse con una pregunta adicional: ¿equilibrio para quién? Porque una subida de tipos puede contener los precios, sí, pero también encarecer hipotecas, frenar el empleo y castigar sectores feminizados y más precarios. La inflación no golpea a todo el mundo por igual. Quien dedica casi toda su renta a alimentos, alquiler, transporte o energía sufre más cada subida de precios. Y ahí aparece con fuerza la dimensión de género: las mujeres están sobrerrepresentadas en empleos mal pagados, en trabajos a tiempo parcial, en hogares monomarentalesmonoparentales, y en tareas de cuidados no remunerados. Para muchas de ellas, la inflación no es una abstracción macroeconómica, sino la imposibilidad de llegar a fin de mes sin recortar la comida, medicinas, o tiempo propio.
En la obra La lavandera, del francés Honoré Daumier, de fecha no muy clara aunque se considera que podría ser de 1863. La mujer asciende cargando peso y al mismo tiempo sostiene a una criatura. Es una imagen potentísima para explicar que la economía monetaria siempre aterriza en cuerpos concretos. Cuando suben los precios o se encarece el crédito, no solo se mueven variables: se endurece la vida diaria de quienes ya sostienen trabajo y cuidados a la vez. La política monetaria suele presentarse como un terreno técnico y neutral, pero sus efectos atraviesan la vida cotidiana, y ahí las mujeres soportan una parte desproporcionada del ajuste.

Otra confusión frecuente es pensar que tipo de interés y tipo de cambio son lo mismo. No, no lo son. El tipo de interés es el precio del dinero, el precio de pedir dinero prestado. El tipo de cambio es el precio de una moneda en relación con otra. Respecto una divisa extranjera. Ambos pueden influirse, pero no significan lo mismo. Si una moneda se deprecia, las exportaciones pueden ganar competitividad, pero también se encarecen las importaciones y puede aumentar la inflación. En economías integradas, además, el gobierno no siempre controla directamente ese valor. En la zona euro, por ejemplo, la política monetaria no la fija cada gobierno por su cuenta, sino el Banco Central Europeo.

Vemos ahora Marketplace, de 1965, del artista haitiano Rigaud Benoit. El mercado lleno de mujeres, mercancías y tránsito ayuda a visualizar esta idea: el dinero es circulación, intercambio, manos que pagan y manos que cobran. En ese espacio del mercado en general se cruzan precios internos, salarios, crédito y comercio internacional. La escena sirve para explicar que el dinero sí puede comprarse y venderse, pero no como una camisa o un pantalón: lo que se compra y se vende en los mercados financieros son activos monetarios, divisas y deuda, dentro de reglas institucionales complejas. Y, otra vez, quienes venden o compran en los mercados cotidianos, organizan el consumo, y absorben las oscilaciones de precios son muy a menudo mujeres.

Aquí aparece una cuestión política de fondo: ¿debe la política monetaria depender del gobierno? La respuesta habitual es que conviene que el Banco Central tenga independencia para evitar la tentación de manipular el dinero con fines electorales. Pero independencia no significa ausencia de ideología ni neutralidad social. Significa, más bien, que decisiones que afectan a salarios, empleo, vivienda y deuda se toman en instituciones técnicas que históricamente han estado muy masculinizadas. Por eso, una mirada feminista no pide menos rigor, sino más democracia: más transparencia, más rendición de cuentas y más atención a cómo impactan estas decisiones sobre la desigualdad de género.

Esta preciosa obra de ejecución, pero de terrible contenido, Un esclava a la venta, del sevillano José Jiménez Aranda, fechada en 1897 y visible en el Museo del Prado, nos recuerda que el poder monetario nunca es puramente técnico: está atravesado por jerarquías, por autoridad y por relaciones de poder. ¿Quién decide qué es estabilidad? ¿Quién define cuánta inflación es tolerable? ¿Qué deudas merecen rescate y cuáles se dejan caer? Poner estas preguntas sobre la mesa es introducir la economía en el terreno de la justicia, no solo en el de la técnica.

Y todavía queda una última idea importante: el valor no es natural; se construye socialmente. Eso vale para el dinero y también para el arte. Una moneda vale porque una institución y una comunidad sostienen su validez. Una obra vale porque museos, mercados, coleccionistas y discursos culturales la legitiman. En ambos casos, el valor se apoya en sistemas de confianza y de poder. ¿Quién otorga valor?, ¿quién aparece representada?, ¿quién queda fuera de la autoridad? Las Guerrilla Girls mostraron una paradoja brutal: los cuerpos de las mujeres abundan en los museos, pero las mujeres escasean como autoras reconocidas. Eso las llevó a crear este icónico poster de título: Do Women Have to Be Naked to Get into the Met. Museum?, en castellano: ¿Tienen las mujeres que estar desnudas para aparecer en el museo Met? Algo parecido ocurre en economía cuando las mujeres sostienen el consumo, el ahorro doméstico y los cuidados, pero su experiencia apenas pesa en el diseño de las políticas. Mirar la política monetaria con enfoque feminista significa precisamente eso: recordar que detrás del dinero hay instituciones, detrás de las instituciones hay poder, y detrás de cada decisión monetaria hay vidas concretas que no se ven igual desde todos los cuerpos ni desde todas las posiciones sociales.

Esta perspectiva nos permite volver a la pregunta inicial. No, la pobreza no se resuelve con una máquina de imprimir billetes. Se resuelve con instituciones creíbles, con políticas coordinadas, con redistribución, con empleo digno y con una mirada que no reduzca la economía a un tablero abstracto. El dinero importa. Pero importa aún más quién decide sobre él, con qué criterios y a favor de qué vidas.

Intervienen

Manuel Ruiz-Adame Reina
Director del Proyecto de Divulgación
Susana Martinez Rodriguez
Directora del Proyecto de Divulgación

Organizadores

Susana Martinez Rodriguez
Directora del Proyecto de Divulgación

Postproductores

Manuel Ruiz-Adame Reina
Director del Proyecto de Divulgación

Realizadores

Manuel Ruiz-Adame Reina
Director del Proyecto de Divulgación

Propietarios

Susana Martinez Rodriguez

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Serie: #MARTEc: Mujeres, Arte y Economía v.2.0 (+información)

Conceptos de Economía vistos a través de la representación de las mujeres en el arte

Descripción

#MARTEc: Mujeres, Arte y Economía v.2.0
Proyecto de Divulgación Científica- Unidad de Cultura Científica (Vicerrectorado de Transferencia, Comunicación y Divulgación Científica
CONVOCATORIA 2024 DE ACTIVIDADES PARA EL FOMENTO DE LA TRANSFERENCIA DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA - MODALIDAD B: TRANSFERENCIA SOCIAL. La finalidad de la convocatoria es financiar el
diseño y desarrollo de acciones y proyectos de divulgación científica, con el fin de favorecer la participación en el desarrollo de publicaciones o recursos divulgativos, la
divulgación en medios audiovisuales e internet, entre los que se encuentran los medios de comunicación, la organización de actividades interactivas, concursos, cursos y/o
cualquier otra vía que sirva para crear y fomentar la cultura científica entre la sociedad.

NOMBRE DEL PROYECTO: #MARTEc: Mujeres, Arte y Economía. Conceptos de Economía vistos a través de la representación de las mujeres en el arte
INVESTIGADORES: Susana Martínez Rodríguez (Universidad de Murcia), Manuel Ruiz-Adame Reina (Universidad de Granada)
DOTACIÓN: 1.100 E

OBJETIVO
Este proyecto, continuación de #MARTEc (2023), pretende a través del uso de obras de arte, vincular los conceptos que en ellas se desarrollan, los medios empleados, o incluso el propio proceso creativo, con conceptos económicos con el añadido de buscar en quien reciba el material generado de hacerle ver un enfoque a menudo desapercibido, la visión de la participación de la mujer. Este enfoque, hasta donde conocemos, es innovador.

INTERÉS Y JUSTIFICACIÓN
La exclusión de las mujeres de los centros de poder y toma de decisiones se ha plasmado históricamente en la invisibilidad de estas. Las mujeres en el arte son musas, alegorías, pero pocas
veces protagonistas de su tiempo, o nombres propios a los que rendir admiración. ¿Cuántas artistas clásicas conocemos? ¿Había mujeres mecenas? Recientemente el Museo del Prado (2026)
lanzó un curso titulado Una asignatura pendiente: Historia del arte y mujeres en el que reflexiona sobre la invisibilidad institucional de las mujeres en el arte (https://www.museodelprado.es/actualidad/actividad/una-asignatura-pendiente-historia-del-arte-y/37274ef3-8731-43b1-92fd-ebff156db654). El interés de esta propuesta radica en que plantea un proyecto de divulgación científica en el que se analizarán un conjunto
ordenado de conceptos de Economía vistos a través de la representación de las mujeres en el arte.Es un tema novedoso y atractivo para el público general y particularmente para el mundo educativo. La divulgación de los conocimientos de generados desde el entorno de la Universidad forma parte del valor añadido que estos servicios públicos aportan. Un enfoque ameno, visual, apoyado en nuevas tecnologías, y transversal suma un atractivo adicional que enriquece la propuesta.
Los conceptos básicos que se manejan en Economía pese a su cotidianeidad, por su presencia continua en medios de comunicación, y redes sociales, siguen siendo desconocidos, al menos en
su manejo preciso. La Economía, hasta fechas y especialidades muy recientes, carecía de un enfoque de género. La economía moderna tiene sus orígenes en el siglo XVIII, y su etapa de formación en el XIX, en
una sociedad androcentrista. Salvo casos explícitos, la disciplina adolece de un enfoque de género, en cuanto a lo que son las aportaciones de las mujeres en su propia historia. El arte siempre ha sido un gran transmisor de ideas y conceptos. Tanto en su vertiente meramente decorativa, como en la más excelsa que se pueda encontrar en colecciones y museos, en sus expresiones arquitectónicas, en la escultura, pintura en cualquier soporte, o incluso de las más relativas a la fotografía, cine o, también, en las nuevas técnicas en otros soportes digitales, siempre tiene una capacidad provocadora que invita a pensar, y desarrollar nuevos conceptos.