¿Qué es un contexto
cerrado en arqueología?
Explícalo, por favor.
Es como abrir la puerta
del regreso al futuro.
Es como meterte en un
DeLorean, una cápsula del
tiempo, o asomarte por
la ventana de la historia.
Es esa tarta como si tú la hubieras
metido en un táper y lo envasas al vacío.
Son fruto de algún tipo de
episodio violento, destructivo,
que hace que una ciudad
se quede encapsulada,
encapsulada en el tiempo.
[Música]
Durante siglos, una cabeza
de piedra fue una piedra más,
sin rostro, fuera de lugar,
empotrada en el muro de
una construcción romana.
Pero esa cabeza había pertenecido
a otra construcción anterior,
a otro tiempo, probablemente
a un monumento ibero.
Y ahora nos puede enseñar algo
que Libisosa todavía no nos
había contado, su necrópolis.
¿Cómo se pasa de una piedra en
un muro a reconstruir una ciudad?
¿Y a sus habitantes?
¿A las huellas de una guerra
ocurrida hace 2.000 años?
Esto es Código Eureka.
Y hoy vamos a intentar
descifrar las claves
de Libisosa con el
arqueólogo Héctor Uroz.
Héctor, ¿qué tal? ¿Cómo estás?
Encantado de estar aquí.
Bueno, estamos hablando de
Libisosa, pero ¿qué es Libisosa?
Libisosa es uno de los campos de investigación
ahora mismo de la arqueología española,
y casi diría que
internacional más relevantes,
porque tiene todas las fases
históricas que se puedan desear
pero que puedan confluir
en arqueología, prehistoria,
mundo ibérico, época
romana, época medieval,
y algunas de ellas,
como son la época ibérica,
sobre todo final y época romana primigenia,
en un nivel de conservación excepcional.
Héctor, ¿tienes delante una
cabeza de piedra que no tiene rostro,
que está empotrada en un
muro de un granero romano?
¿Qué ves, en un momento dado, para pensar,
esto nos va a llevar a
una necrópolis ibérica?
A ver, lo importante es conocer
el código semántico. ¿Qué es eso?
Nosotros reconstruimos
un puzzle, que es la historia,
y lo hacemos a través
de una serie de piezas.
Cuanto más piezas tienes, mejor
puedes reconstruir ese puzzle.
Pero si tú has reconstruido
ya muchos puzzles antes,
sabes reconocer la
escena por una sola pieza.
Nosotros ahí teníamos
una pieza que es, era,
y es una cabeza que ahora sabemos que es
masculina, que enseguida pudimos deducir
que había formado parte de
un monumento funerario ibérico,
de una escena mayor, en la que ese
objeto formaba parte de un lenguaje.
Venimos de un verano en el cual
ha habido una protagonista clara,
indiscutible del panorama
cinematográfico, que es La Odisea.
Ahora está siendo sustituida
paulatinamente por La bola negra,
pero La Odisea forma parte de
una epopeya, junto con la Ilíada,
de los orígenes heroicos
de la aristocracia griega.
Es un relato que se utiliza
para conmemorar un pasado
heroico reconstruido
para explicar una historia
que lo que hace es
apuntalar el orden presente.
Es decir, esta gente lo
que hace es tirar del mito
para construir políticamente aquello
que apuntala el orden establecido.
Ellos se justifican en base a esos relatos.
La iconografía ibérica, el mundo
ibérico, funciona de una manera similar.
Lamentablemente no tenemos
escritos, no tenemos narraciones,
como lo tenemos para época clásica,
pero sí que tenemos las escenas del cómic.
Es un cómic mudo, sin texto,
y precisamente los que
nos hemos dedicado a
reconstruir eso, nos
sabemos tan bien las viñetas,
que cuando nos sale un
trocito de papel de la viñeta,
podemos saber a qué número
del cómic de la historieta pertenece.
Y esto es un poco lo que
nos sucedió con esta cabeza.
Pero la piedra de la que estamos hablando,
¿dónde apareció
exactamente, en qué momento?
Pues estaba caída,
estaba formando parte de un derrumbe
de ese muro de un edificio romano.
Y yo recuerdo que
volvíamos del almuerzo, de la
hora del almuerzo, y un
compañero nos comentó
que parecía que había un relieve
en una de las piedras caídas.
Nos acercamos, vimos, y
efectivamente se veía parte del cabello,
parte de los rizos que
nos hacían identificar
el objeto como parte
de una cabeza humana.
¿Y cómo lo datáis en el
siglo V o IV antes de Cristo?
V o IV, por paralelos.
Nosotros conocemos, se
conocen muy pocas cabezas,
porque normalmente las
esculturas se fragmentan
y aparece el resto del cuerpo, la
cabeza pasa por otras vicisitudes.
Entonces, de ahí también
la importancia del hallazgo.
Y tenemos paralelos, conocemos otros,
y justamente con ese
paralelo podemos identificarlo.
Decís que es un varón joven,
¿en qué os basáis para decir eso?
En el pelo y en lo que
se conserva de la cabeza.
La cara no está, pero tenemos perfectamente
los laterales y la parte trasera,
y justamente la
representación de las orejas
nos sirve para descartar
la identificación femenina,
que el pelo sea largo, nos
habla de que es un varón joven,
y luego la categoría aristocrática la da
el propio hecho de que se represente.
¿Y cómo conectáis esa figura
con la posible necropolis?
Porque todo lo que conocemos a
nivel de ese tipo de representaciones
son representaciones que se insertaban
en necrópolis, en monumentos funerarios,
que era donde se ubicaban para
que el mayor número de gente
y también las clientelas
que dependían de esas élites,
porque esto forma parte de una propaganda,
y ese era el contexto de esa propaganda.
Con lo que tenemos, ¿qué sabemos
exactamente de esa escultura y qué no sabemos?
Lo que sabemos es que es
una escultura de bulto redondo,
por lo tanto, de una
figura estante, exenta,
no es un relieve, que eso
ya nos da mucha información,
posiblemente de una persona
estante de pie o un jinete,
que es otro de los
paralelos que conocemos,
y lamentablemente no podemos saber
cuál es la escena de la que forma parte,
pero su propia existencia y, sobre
todo, la técnica con la que está hecha,
el nivel artístico ya nos
da muchísima información.
-¿Tenía color?
-En origen, sí, toda la escultura.
Ese mundo clásico,
arcaico, antiguo, blanco,
está predeterminado por cómo nos ha llegado
la piedra, pero todo esto iba pintado.
-¿Y qué nos dicen esos pigmentos?
-Todavía no lo sabemos, porque es
muy difícil encontrar restos de pigmento.
Le hemos hecho las pruebas,
no tenemos todavía los resultados,
seguramente no queden restos
suficientes para darnos mayor información,
pero hay que pensar en colores
ocres, muy llamativos, rojizos,
también dependiendo de los
materiales que se usaban para colorear.
El mundo clásico, si nosotros
fuéramos arcaico, antiguo,
la antigüedad, si nosotros
nos pudiéramos teletransportar
y darnos un paseo por
estas esculturas y sus edificios,
la gente se sorprendería
muchísimo de los colores que tenía.
-¿Por qué es tan importante que se trate
de una pieza relacionada con algo funerario
y qué lo hace distinto
a una simple pieza bonita?
-Lo bonito es muy relativo
y yo creo que también está muy
predeterminado por el valor que le damos.
Yo utilizo mucho el
concepto arqueología bonita,
pero la arqueología
bonita en mi divulgación,
pero la arqueología bonita en
realidad es como cuando miras
a tus hijos, depende de
los ojos con los que lo mires.
A mí me parece la pieza preciosa
porque me da una información brutal,
no tanto por una cuestión
estética que no sé de dónde viene.
Y el hecho de que se
relacione con el mundo
funerario nos abre una
nueva vía de investigación.
Nosotros tenemos mucha información no total,
tenemos el 10% excavado del yacimiento,
solo el 10% del hábitat, pero no hemos
intervenido todavía en el mundo funerario.
Y poder tener la oportunidad de
contrastar el mundo de los muertos
con toda esa ritualidad
y todo lo que hay detrás,
junto con el mundo
más terrenal del hábitat,
es algo que en arqueología muy pocas
veces se tiene la oportunidad de hacer.
Antes de empezar a explorar en el terreno,
¿qué información tenéis exactamente?
O mejor dicho, ¿qué
decisiones tenéis que tomar
antes de empezar a
excavar en un sitio o en otro?
¿Qué es lo que es justo
antes de verte en el terreno?
En arqueología estamos tomando
decisiones constantemente.
Eso es como tener un
quirófano con un enfermo abierto.
Nosotros, en vez de tener
la sangre, tenemos la tierra,
vamos succionando, vamos
limpiando y vamos interveniendo.
Por eso es tan complicado
y tan difícil y tan peligroso
decidir dónde excavar y
acometer la excavación,
porque no sabéis en realidad
con qué te vas a ir encontrando.
Entonces, tienes que
acumular mucha experiencia
para ir dando respuestas a cada desafío
que te va surgiendo en el proceso de campo.
Desde el seleccionar dónde,
porque tú tienes unos recursos.
Si equivocas el tiro, esa campaña ya...
-Gasta, ¿sí? -Efectivamente.
¿Cómo decidís? ¿Lo decidís al azar?
¿O qué criterios seguís?
No, el azar, la intuición
puede a veces utilizarse.
El azar no, desde luego
no hay nada al azar.
Tenemos fórmulas dependiendo de
si el yacimiento ya está excavado o no.
Es decir, empezar un
yacimiento nuevo no es
el caso, porque en
Libisosa llevamos 30 años.
Es siempre un desafío, aunque
también tienes más donde seleccionar.
Y decidir dónde vas a ir
dirigiendo la investigación
en cada momento es muy
complicado y multifactorial.
Nosotros llevamos tres o cuatro años
dedicados a hacer una actividad
asistencial al parque arqueológico.
Libisosa es un parque
arqueológico de Castilla la Mancha
que está ahora mismo en periodo
de puesta en valor, de consolidación,
y había una serie de recorridos para
la gente que hay que ir terminando.
Volvimos a esta zona, que es una
zona cercana al foro de la colonia,
a terminar el Decumano, que
es una de las calles principales, al foro.
Y, en fin, es curioso porque
nosotros nos hemos dedicado,
yo me he dedicado gran parte de mi vida
académica a perseguir el mundo ibérico.
No en un primer momento a mí me encontró.
Y es curioso que estamos excavando en
una zona romana que no tiene nada que ver.
Y esa escultura reutilizada
en un muro romano
es como si hubiera dicho "Ey, que
aquí estoy, no os olvidéis de nosotros".
El mundo ibérico ha venido otra vez a
cogernos y darnos una información diferente.
Porque nosotros tenemos
mucha información del ibérico final,
de la última época, la que
convive con los romanos,
pero de ese ibérico antiguo, siglo
quinto o cuarto, que decías,
al que corresponde la escultura,
tenemos mucha menos información.
Y es como el agua que
va encontrando salida.
Es una fuente de conocimiento que va
emanando y nos persigue de alguna manera.
Has puesto la metáfora
del quirófano, la retomo,
porque, como cuánto de
irreversible tiene alguna de las
cosas que tocáis, entiendo
que quizá uno de los peligros es
que metas mano donde
no debes, como no debes,
y ocurra algo que ya no tenga remedio.
Por ejemplo...
Todo es absolutamente irreversible en
arqueología, de campo, en la excavación.
Un paso en falso no tiene vuelta atrás.
Por eso es tan serio lo que hacemos.
Por eso la arqueología
de aficionados no existe.
Por eso es tan dañina el trabajo
de los furtivos, de los detectores...
y por eso tenemos que
hacer mucha pedagogía.
Cuando nosotros retiramos
un estrato o un nivel,
esto es como una tarta
de esos varios chocolates,
y cada nivel, el chocolate negro,
el chocolate blanco, es una época.
Nosotros podemos identificar
esas épocas en función de las piezas
que nos aparecen en uno
de esos niveles de la tarta.
Si tú, cuando retiras uno
de esos niveles, o te lo comes,
no has identificado bien, es como si
a alguien le haces una prueba de menú.
Y te dicen, dígame usted que
le ha parecido cada ingrediente
de la tarta, y son de
esas tartas de varios pisos.
Y te la comes así, en sección,
y mezclas todos los sabores,
no es lo mismo que si empiezas a
retirar con el tenedor capa por capa.
Ahí es cuando eres capaz de decirle
al maître o a quien te haga la pregunta,
esto está hecho de zanahoria,
esto es chocolate, etc.
Entonces, nosotros la retiramos por capas.
Si una de esas capas,
cuando la retiramos, no la
documentamos bien, eso ya
no existe, no tiene vuelta atrás.
Que el peligro, no solamente
que lo podáis destruir físicamente
por mala manipulación o con un objeto, un
golpe, sino que perderéis la información,
porque si la información no está
tan contextualizada, la hemos liado.
Nosotros trabajamos por contextos.
Un objeto, una pieza, un
fragmento de ese puzzle,
del puzzle de la historia,
existe y lo podemos interpretar
en relación con otros, o en relación
con el nivel en el que ha aparecido.
Si eso no se va documentando
de forma minuciosa,
a mí, si alguien un día te trae y
dice "mira lo que he encontrado"
y te lo trae en la mano, pues muy bien,
pero no me sirve absolutamente de nada.
Eso es un trabajo de anticuario,
no es un trabajo arqueológico.
Luego, eso te lo dice la tierra, porque
los profanos lo que vemos es tierra
con un color un poquito
más oscuro, más claro,
más no sé qué, pero
vosotros ahí veis otras cosas.
Ese color, acompañado de una textura,
es lo que a nosotros nos hace
diferenciar esos niveles de la historia.
A veces, un cambio de tierra
es fruto de muy poco tiempo,
pero otras veces es fruto
de un abandono del contexto
de la ciudad, de lo que
estamos interviniendo.
Libisosa se la ha llamado
"la Pompeya ibérica".
Sé que a ti no te termina
de convencer la metáfora,
pero, bueno, ¿hasta
qué punto es válida la
comparación y qué
parte no sería tan válida?
A ver, tiene un porqué, y el porqué es un
concepto que en arqueología manejamos,
que voy a explicar, y que
es el de contexto cerrado.
¿Qué es un contexto
cerrado en arqueología?
Explícalo, por favor.
Es como abrir la puerta
del regreso al futuro.
Es como meterte en un
DeLorean, una cápsula del
tiempo, o asomarte por
la ventana de la historia.
Es esa tarta como si tú la hubieras
metido en un táper y lo envasas al vacío,
y se lo encuentra alguien 2.000
años después, la tarta intacta.
Entonces, nosotros, con
los contextos cerrados,
son fruto de algún tipo de
episodio violento, destructivo,
que hace que una ciudad se quede
encapsulada, encapsulada en el tiempo.
En Pompeya, todos sabemos que
hubo la erupción de un volcán, etc.
, y en Libisosa tenemos
la vicisitud de, muy malo
para ellos, a veces, la
violencia o la destrucción.
En el pasado, lo que sufrieron
en un pasado es un regalo
para los arqueólogos del presente,
lo sentimos mucho, pero funciona así.
Fue un contexto de conflicto
militar, guerra, batalla,
y hubo un incendio, un
abandono de la ciudad
en torno al primer tercio,
años 80, del primer siglo a.C.
Se abandonó precipitadamente,
la gente se dejó todo
tal cual, o hubo una zona
que no se volvió a ocupar,
hasta que nosotros
llegamos un día, destapamos
aquello, destapamos los
escombros de las paredes,
y nos encontramos en
seres, espacios tal cual,
se encontraran justo en
ese momento anterior.
En eso sí que, evidentemente, se parecen,
y también es lo que nos supone para
la investigación, es decir, no es lo mismo.
¿Y qué es lo que no es comparable?
Nuestro equipo estuvo durante muchos
años también interviniendo en Pompeya.
De hecho, estuvimos excavando a la vez,
con diferencia de un mes.
Nosotros excavábamos en una
parte del verano esos contextos
cerrados en Libisosa, íbamos en
otoño, y excavábamos en Pompeya.
Entonces, quizá, por eso, a lo mejor,
mezclar cosas, no me parezca tan bien.
Y quizá también, porque
yo, en los últimos años,
estoy reseteando la manera en
la que tengo de divulgar las cosas.
A ver.
La arqueología es muy visual.
Y la arqueología bonita, que decía
antes, se vende mucho y muy bien.
Y quizá, explotando la parte
espectáculo de la arqueología,
no estamos mandando el
mensaje correcto a la sociedad.
Eso ha pasado quizá mucho en Pompeya.
Y eso es lo que a mí no me
gustaría que pasase con Libisosa.
Quizá yo he contribuido
hace unos años a ello,
en cierta medida, porque una
manera de llamar la atención también.
Si tú tienes unos contextos maravillosos,
yo le pido a la gente que se haga un...
se pasee, haga un poco de scroll por
nuestras redes, YouTube, en Instagram,
que vea imágenes de esos
contextos cerrados de Libisosa,
y se dará cuenta
de la espectacularidad
que supone encontrar cientos y
miles de objetos en perfecto estado.
Eso es muy espectacular, muy llamativo.
Pero, ¿qué es lo más
importante de todo eso?
Pues que no tienes una pieza
del puzzle, tienes el puzzle entero.
Tienes la foto, ni siquiera se ven
las grietas del ensamble de piezas.
Y eso es lo que quiero,
o me gustaría destacar.
Y quizá, muchas veces el feedback que
tenemos, periodismo titular de prensa,
en arqueología estamos muy tentados
de vendernos por un buen titular,
o un titular regulero, que
de alguna manera proyecte.
De repente todo el mundo ha leído
en la portada del periódico nacional
algo sobre tu excavación, y de
repente tu excavación es muy importante.
Aunque tú hayas publicado
antes no sé cuántos
papers, no estoy hablando
del caso de Libisosa,
sino en general, de lo que supone la
tentación de venderte un poco por eso.
Y eso es reconfortante y, sobre
todo, coloca a tu proyecto en el mapa.
Pero eso tiene que ir seguido,
muy, muy estrechamente,
de explicar de verdad qué
es lo importante que hacemos,
porque, al final, la arqueología
se hace en un laboratorio.
Déjame recuperar la idea
que has comentado antes,
de un contexto cerrado,
la ciudad congelada,
que has dicho que tiene un precedente
o que tiene un origen violento.
Pero no recuerdo haberte oído
decir cuáles son los indicios concretos
que os llevan a decir que
fue una destrucción, como una
destrucción o fuego, pero
cuáles son los indicios que tenéis.
Porque vosotros lo habéis
visto dos mil y pico años después.
Claro, nosotros descubrimos esos niveles
y, en función de la datación
de la cronología de la fecha
que podemos obtener por la confrontación,
la comparación de piezas que encontramos,
en este caso, por ejemplo,
tenemos una gran acumulación
de objetos que vienen de Italia, en
ese primer proceso de romanización,
y que son productos cerámicos
que tienen una fecha muy precisa,
que se producen en hornos y
sabemos con precisión qué años son.
Confrontando todo eso, nos
da una fecha de los años 70, 80,
primer tercio del siglo I a.C., y
qué narices pasaban en esa época.
En ese contexto es cuando es destruida.
¿Y por qué nosotros lo sabemos?
Encontramos, destapamos esos
escombros y encontramos todo tal cual.
Por lo tanto, aquí había una
destrucción o un abandono repentino.
Sacamos los objetos, los confrontamos,
primer tercio del siglo I a.C.
, por lo tanto, guerras
sertorianas, el conflicto bélico.
Y, aparte, luego tenemos otros elementos.
Encontrar un cadáver
infantil en posición forzada,
no depósito, sino muerto,
como para pasar la
tiza a los CSI, en medio
de la calle, abandonado,
evidentemente es una
prueba clarísima de que el lugar
fue abandonado, destruido
por una acción violenta.
Todo eso lo fuimos
sumando a lo largo del tiempo,
hasta que al final ya podemos
decir que es abandonado,
destruido en el contexto de
las guerras civiles sertorianas.
Has hablado de objetos
romanos que son piezas movibles,
pero, en cambio, las
edificaciones son iberas.
Entonces, hablamos de
un periodo de transición,
porque, al final, hablamos
de que Libisosa
era ibera, romana,
un medio pensionista.
Entre la época de la
escultura, de la cabeza,
hasta la época de la llegada
de la Segunda Guerra Púnica,
del paso cartaginés y luego del conflicto,
de la guerra entre romanos y cartagineses,
es un oppidum, que es el término
que utilizaban en época antigua,
para hablar de un lugar en
altura, un poblado difícilmente
franqueable, un oppidum
ibérico, un poblado ibérico.
A partir del 200, más o
menos antes de Cristo,
los romanos pasan por allí,
en esa dinámica de conquista.
Pero, claro, los romanos no tienen
medios para administrar, gestionar todo.
De hecho, los romanos, cuando empezaron
a explotar las minas de Cartagena,
con subcontratas, tenían
subcontratas de publicani.
-Se ha inventado eso hace tiempo.
-Eran una gestión
público-privada con empresarios,
porque no tenían la capacidad
de gestionar, de administrar todo.
Entonces, ¿qué hacían?
Aquellos poblados que se salvaron
de la destrucción en el contexto
de la Segunda Guerra Púnica,
no confundir con las guerras sertorianas
posteriores, que es solo entre los romanos,
hacían un acuerdo, un
tratado, con las élites locales.
El tratado era, "Mantenéis la gestión del
lugar, seguís siendo los jefes del lugar,
pero ahora tu tierra ya
no es tuya, es nuestra,
es territorio romano y, por lo tanto,
te la devolvemos en usufructo,
pero nos tienes que pagar
unos impuestos, ¿vale?
Pero me tienes que tener
a la gente tranquilita".
Entonces, era una manera de
tener el territorio controlado,
pacificado y, a la vez, extraerle,
evidentemente, los recursos.
En ese contexto, esa situación,
en la que además, seguramente,
tenemos indicios para pensar
que había un destacamento del
ejército romano presente en Libisosa,
precisamente porque tenían que controlar
ese paso de otros ejércitos posibles,
de las mercancías, del correo, que era una
cosa muy importante para la comunicación.
La comunicación era muy importante
para mantener toda esa
administración de un imperio,
de un proto-imperio que
todavía, en realidad, no lo era,
se estaban reinventando,
lo estaban inventando.
Y para mantener el control de todo
eso, tenía que haber un destacamento.
Y la convivencia entre ese destacamento,
entre esos militares y
la población ibérica local,
lo que genera es un proceso paulatino
de autorromanización desde arriba.
-¿Qué es esto? -Autorromanización.
Autorromanización, es decir, las élites...
O sea, el poder es como la energía, ¿vale?
Ni se crea, ni se destruye, se transforma.
Entonces, los que eran aristócratas iberos
van a acabar siendo los duunviros,
que es el nombre latino del alcalde,
del que controla la
jefatura política de la
ciudad romana, que era
colegiada, compartida,
para un poco dar esa imagen
de contrapeso, de contrapoder,
que en realidad siempre
había uno que tenía más
poder que otro, pero
bueno, esa es otra historia.
Estos lo que quieren es mantener su situación
privilegiada en el nuevo orden romano.
Claro, y aquí entra otra vez la iconografía,
y el cómic, y la viñeta, y el mito.
Aunque parezca paradójico,
uno de los mecanismos que
va a desarrollar esta tardía
aristocracia ibérica en
proceso de autorromanización,
es decir, de intentar
encajar en ese nuevo orden,
por así decirlo, colonial, es sacar
pecho de un pasado mitificado.
Es decir, nosotros también tenemos
esos mitos a los que agarrarnos,
esos héroes, esas
epopeyas, esos antepasados,
y por lo tanto somos perfectamente
dignos de mantener esa nueva posición,
o mantener esa posición
aristocrática en ese nuevo orden.
Hemos podido ser aristócratas, jefes
iberos, ahora queremos ser jefes romanos.
Y como es un sistema clientelar
en el que hay distintos estratos,
como la tarta, pero en
política y en sociedad,
que funcionan para
apuntalar ese orden, ese poder,
las clientelas también
se van sumando al carro.
Había una cosa muy curiosa que
nosotros encontramos en esos objetos,
los romanos que viajan, que tienen
relación con el consumo del vino.
El vino ya se conocía
en la Península Ibérica,
pero se va a potenciar con la llegada
romana, es cuando se universaliza.
Y de hecho, curiosamente,
que se empiece a producir de
forma masiva en la Península Ibérica,
va a generar también
que en Roma se consuma
mucho más, y además se
va a hacer con el mercado.
El vino hispano era más barato, más malo,
que el itálico, un poco al revés que ahora.
Y va a hacer que el consumo,
la producción masiva de vino,
se generalizase entre todos
los estamentos sociales,
incluso las clases bajas.
Pero el vino bueno venía de Italia,
y además se consumía en objetos,
en cerámicas, producidas en Italia.
Y había unos pocos
que tenían la posibilidad
de formar parte de esos banquetes,
esas reuniones, y beber el vino bueno.
Y ahí es donde se tejían
esos lazos clientelares,
en el que había una
aristocracia rectora cada vez
más amplia, cada vez más
extendida, numéricamente,
que iba tejiendo esas relaciones,
que era lo que a Roma le interesaba.
Cuanto más pudieras
tener esa red clientelar,
más controlada tenías
a la gente y al territorio.
Pero claro, la imagen en la
que tenían que proyectarse
era que estaban dentro del orden
romano, y a su vez sacar pecho de un pasado
que era lo que a ti te daba el carnet
de entrada a esa nueva posición.
Luego, cuando Libisosa
era un enclave estratégico,
ocurrió un hecho puntual
drástico que acabó con todo,
que dices que es esa ruptura
violenta, sin concretarlo,
no lo quiero concretar yo, no
quiero meterme yo en un jardín,
entiendo que el que fuera un
enclave geoestratégico importante,
dejará de serlo, porque básicamente
desapareció de un día para otro.
Bueno, es un punto y seguido.
Si te das cuenta, hablamos de Foro
Romano, Colonia Romana, Muro Romano.
Es decir, es un punto y seguido.
Hay una destrucción, los romanos,
el ejército protagonista de la misma,
lo que hace es levantar una
muralla en la parte más alta del
cerro, del poblado, para
hacerse fuerte allí, en ese contexto.
Y esa muralla se va a
mantener con el tiempo.
Y unos años después, lo
que se va a fundar antes de
la ciudad, la Colonia Romana,
es una fase intermedia,
una categoría de no ciudad que
los romanos llamaban "forum",
en latín "foro", que lo que
hacía era un poco poner
en valor la capacidad
mercantil económica del lugar.
Era una gestión económica de un territorio
muy amplio que se controlaba desde allí.
Poco después, en época de
Augusto, el primer emperador,
lo que se le da es rango
de colonia, Colonia Romana.
Y además, con un derecho, el "ius italicum",
que era el rango de derecho más elevado
que se le podía dar a
una colonia fuera de Italia,
que prácticamente equiparaba los derechos
a los propios romanos de la ciudad de Roma.
¿Por qué?
Porque había que apuntalar el lugar.
Es decir, si tú querías que
hubiera un núcleo poblacional
que te siguiera controlando
ese lugar tan importante,
desde el punto de vista geoestratégico,
tenías que darle un incentivo.
El incentivo no estaba,
a lo mejor, en lo fértil
que era el lugar, como
sucedía en otras colonias.
Entonces, había que
buscarlo en una cuestión de
derechos, de no pagar
impuestos, por ejemplo.
Y entonces, lo que levantan es un foro,
que es, no confundir con la fase "forum",
que es el ayuntamiento, el
juzgado de las ciudades romanas.
Y en el granero, que es el almacén,
donde se almacenaban los excedentes,
porque si había una
carestía, la colonia lo que tenía
era que garantizara la
despensa del territorio.
Controlaba muchos kilómetros
alrededor y tenía una despensa,
que si había una mala
cosecha, incendio, lo que fuera,
la gente no se moría de
hambre, tenía unas reservas.
Pues, justamente, en el muro
de esa reserva se reutilizó
parte de estos monumentos
funerarios ibéricos,
porque ya no tenían
ese sentido tan especial,
político, que tuvieron
cuando los iberos lo hicieron.
A los romanos les daba igual.
Háblame de ese muro, porque te
he leído que era un muro superancho,
pero construido como de prisa y corriendo.
¿Por qué?
Bueno, eso, en realidad,
es lo que refiere a la muralla.
-La muralla posterior.
-Hablamos de dos cosas.
La muralla que es anterior, es decir,
en el momento de la destrucción,
que tiene un lienzo de
tres metros de anchura,
que se levanta en cuestión de
semanas, por 2.000, 4.000, 6.000 soldados,
obras de estas que se
levantaban de prisa y
corriendo, justamente por
la urgencia de protegerse.
Y luego ya estos edificios posteriores para
controlar político-administrativamente,
en un momento posterior, es decir,
cuando en Roma esa zona ya está pacificada,
y que lo que hay que es ir perfeccionando
la explotación del territorio.
Y ahí es donde utilizan piedra cercana.
Entonces, por eso
nosotros sabemos, intuimos,
que la necrópolis ibérica
de esa primera fase está
muy cerca, porque las
piedras las cogen del entorno.
Si pudiéramos entrar ahora
al barrio Ibero-Romano,
porque ya hemos quedado
que es Ibero-Romano,
¿qué es lo que veríamos?
¿Qué escucharíamos?
Y intuyo que hay ahí también
temas, ¿qué oleríamos exactamente?
Bueno, veríamos quizá
algo que a mí me falta,
y que no soy capaz
de reconstruir del todo,
y es el aspecto real,
el acabado real de los
edificios, porque nosotros
encontramos zócalos,
incluso en ese barrio que tenemos
las paredes de adobe conservadas,
es algo único en Europa, encontrar paredes
de barro de mil y pico años de antigüedad.
Ojo cuidado, ¿eh?
Pero claro, el remate de todo eso,
la pintura, seguramente roja, blanca,
o sea, hasta qué punto
era cuidado el exterior,
es algo que a mí me gustaría
mucho conocer del mundo ibérico.
¿Qué escucharíamos? Seguramente el viento.
Con las zonas, claro, eso
no cambia en 2.000 años.
O sea, nada, dependiendo
del día, la naturaleza...
¿Sería un lugar ruidoso,
por la gente, digo?
El mundo antiguo, dependiendo de
las aglomeraciones, Roma, por ejemplo,
millón de habitantes, un
disparate, con grandes edificios,
de varias plantas, sería muy
ruidosa, creo que Libisosa no.
Y luego oleríamos mal.
El olor, mal, pero no
por una falta de higiene,
que esto también es un mito y hay
que tener mucho cuidado con esto,
pero por la manera de
ambientar, por la relación que se
tenía con el orín, los
excrementos que se reutilizaban.
La orina, había recipientes a las esquinas,
para que se pudieran rellenar
con las necesidades de cada uno,
y luego los de la
lavandería, los que tintaban
la ropa, se lo llevaban,
para usar el amoníaco.
Olía diferente, y es un
olor que a nosotros, a lo
mejor, nos llamaría
mucho la atención para mal.
Serían esas tres grandes cosas,
la incógnita del remate visual,
el viento y la naturaleza,
y el olor diferente.
¿Qué distingue un objeto
romano comprado por las
élites, de un objeto de la
gente común y corriente?
La arqueología, por lo
general, podemos decir que nos
abre la ventana a la historia
de los menos favorecidos,
porque la historia escrita de
las fuentes literarias clásicas,
grecoromanas, está
enfocada hacia los episodios,
los hechos, la política de las
élites, porque las escriben las élites.
Y hay grandes vacíos de la vida cotidiana,
de las cosas comunes de la
mayor parte de la población,
que no nos van a reflejar
las fuentes literarias.
Pero es que la arqueología también tiene
un sesgo, y es el sesgo de conservación.
La mayor parte de
utensilios de la gente normal,
del campo, que formaban
parte de la vida cotidiana,
eran de material
perecedero, esparto, madera.
Eso no nos llega, nos llega
la cerámica, nos llega el metal,
y eso ya tiene un sesgo de lo que cuesta
producirlo y lo que cuesta mantenerlo.
Entonces, a veces, la visión que obtenemos
de la mayor parte de
la población a través de
la arqueología también
es bastante colateral.
Los edificios que se conservan al
final, ¿cuáles son del mundo antiguo?
Los que más recursos se han empleado.
Tengo aquí apuntado que lleváis el 10%
y que eso, traducido a piezas,
son 160.000 piezas inventariadas.
A mí se me antojan muchas piezas.
No sé hasta qué punto eso es, una
bendición, por tener tanto material,
o hasta qué punto podéis morir sepultados
en una información que no podéis procesar.
Es una ventaja y un inconveniente.
Es una ventaja en la medida en la
que tenemos más piezas del puzzle,
el puzzle de estos de 160.000 piezas,
y es una desventaja, efectivamente,
por la gestión al final de todo
ese material y la conservación.
Pero fíjate, a mí lo de morir de éxito
es algo que también estoy
reflexionando un tiempo a esta parte.
Cuando hablábamos, o te decía,
de los pilares de nuestro
proyecto de investigación,
del desarrollo, de la divulgación,
yo creo que llega un momento
en el que si eso somos capaces de hacerlo
bien a la administración, a la gestión,
puede llegar a parecerles que a lo
mejor ya no somos tan imprescindibles.
Es como que aquello que
funciona parece que funciona solo.
No hablo necesariamente
de un caso en concreto,
sino de algo que se repite cíclicamente,
que lo he visto en multitud de proyectos.
Llega un momento en que
dices, ahora esto pasa al turismo.
Y dices, no, pero si es
que la investigación...
La importancia, por ejemplo, de que las
universidades o los centros de investigación
estén detrás de todos estos proyectos
arqueológicos, de desarrollo cultural,
tiene muchas más aristas de lo que se cree,
tanto dentro como fuera de la universidad.
Para poner cifras, un mes de excavación,
¿cuánto tiempo de
procesamiento os lleva después?
-Uno o dos años. -¿Un mes? Uno o dos años.
Y lleváis el 10%.
Esto es un proyecto a
bastante largo plazo, ¿no?
A bastante largo plazo.
También los ritmos difieren en
cuestión también de prioridades,
de lo que dedicas a la
excavación, a la investigación
y, luego, también a la conservación,
que decía antes, muy importante.
Si tenemos paredes de adobe de
2000 y pico años de antigüedad,
eso requiere de una protección
especial, no de la normal, de la habitual,
y requiere de unos fondos de financiación
especiales que no siempre se tienen.
En algunos momentos los hemos tenido
y en otros momentos no los hemos tenido.
Y eso pone claramente en riesgo
la conservación de esas estructuras.
La prensa, aquí mismo, incluso,
una de las cosas que buscamos
es, sobre todo, titulares,
lo más espectacular, pero me
gustaría darle la vuelta a eso,
que me contaras una de
las partes de vuestro trabajo
que, siendo importantísimas,
no llegan a los titulares,
no llegan a los medios, pero, sin
la cual, todo esto no se sostiene.
El trabajo de laboratorio.
El trabajo que se realiza
incluso delante de un ordenador.
No digo ya delante de las piezas.
Iba a decir pico y pala,
pero, en este sentido,
la metáfora no es
buena porque vosotros,
literalmente, sí tenéis
una fase de pico y pala.
Efectivamente.
La fase de excavación, de intervención,
es muy espectacular, muy visual.
Quizá hemos abusado
en arqueología, en general,
de potenciar esa fase
porque es la más llamativa,
y quizá lo que hemos
trasladado a la opinión pública
es que nuestro trabajo,
básicamente, es eso.
Cuando nuestro trabajo
es, insisto, delante de libros,
montañas de libros,
medio abiertos, ahora ya
PDFs, muchos de ellos,
delante de un ordenador.
Y eso también es muy difícil de
explicar solo a veces a la administración.
No solo a la gente, en general,
sino también a quien está detrás
de los permisos, de la financiación,
y que, a lo mejor, en la
universidad lo tenemos
muy claro, todos sabemos
cómo investigamos,
pero eso es quizá lo que tenemos
que empezar a intentar revertir,
porque sin eso no se sostiene todo
el ciclo de la cadena arqueológica.
Y luego, el tema de la conservación.
Se excava, se recuperan, pero si no
se consolida ni se protege, se pierde.
Y eso es la inversión, o sea,
eso se come, toda la inversión,
por cada mes de
trabajo, volviendo a cifras,
con lo que te puede costar, a lo
mejor, una consolidación o una cubierta,
de esta zona que decía
de las paredes de adobe,
que tenemos una parte
de Libisosa que está al
descubierto, sin tapar, y
que se están degradando,
porque no se han podido
cubrir, porque no hay dinero
para ello, no ha habido
financiación para ello,
y podemos perder paredes
de dos mil y pico años
de antigüedad, lo que
sería una catástrofe.
Pero, claro, la inversión que requiere
eso equivale a 10 años de excavación.
Bajo el 90% de Libisosa que todavía no se
ha excavado, ¿qué te gustaría encontrar?
No, mejor dicho, no, no
que te gustaría encontrar,
¿qué respuesta, a qué
pregunta, te gustaría encontrar?
No tanto qué objeto, respuestas.
Me gustaría encontrar algo que me
hiciese replantearme todas las preguntas,
que de repente me llevase por
preguntas que nunca me he hecho,
porque yo no hago más que darle vueltas
muchas veces a las mismas preguntas,
y yo creo, de verdad, que
estadísticamente, vamos a ser claros,
lo que hemos encontrado en
Libisosa es un auténtico disparate,
es quizá uno de los
yacimientos que más ha
aportado a nivel internacional
en los últimos años,
mayor número de respuestas en
cantidad, en calidad y en variedad.
Pero sería estadísticamente difícil
que si hemos intervenido en el 10%,
hayamos encontrado lo más
relevante que esconde ese yacimiento.
Entonces, yo todavía, aunque tengo
la capacidad ya de sorpresa baja,
he visto cosas, como Blade
Runner, que otros arqueólogos...
Naves en llamas en las puertas de Orión.
...habrían deseado, he excavado en Pompeya,
he excavado en el contexto
de Libisosa, he visto mucho,
he tocado mucho y quizá
más de lo que cualquiera
pudiera desear, a lo
largo de todo una vida.
Pero yo creo que todavía ahí
vamos a dar con aquello que digas,
"Ostras, ni siquiera aquí yo me podía
imaginar que me iba a encontrar esto".
Pues, Héctor, muchísimas gracias
por ayudarnos a entender un
poquito más qué es Libisosa,
la arqueología, cómo trabajáis
y darle contexto a todo.
Muchas gracias a ti y
encantado y hasta siempre.
Nosotros lo dejamos aquí.
Nos vemos en una próxima
edición de Código Eureka.
Buenos días, buenas tardes y buenas noches.