Idioma: Español
Fecha: Subida: 2026-04-06T00:00:00+02:00
Duración: 10m 14s
Lugar: Documental
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La Globalizacion

Descripción

Antes de que la globalización se convirtiera en una red de puertos, fábricas y mercados internacionales, fue también una cuestión de personas, de trabajo y de supervivencia. En Las espigadoras, Jean-François Millet, obra de 1857, sitúa en primer plano a tres mujeres inclinadas sobre la tierra, recogiendo los restos de la cosecha. La escena muestra un mundo en el que la riqueza existe, pero no se reparte de forma equitativa: al fondo aparece la abundancia; en primer plano, el esfuerzo silencioso de quienes apenas pueden recoger lo que queda.

Esa distancia entre abundancia y escasez ya nos habla de economía, porque nos muestra quién produce, quién acumula y quién sobrevive en los márgenes. Y también nos recuerda que el trabajo femenino estuvo desde el principio en la base del sistema, aunque casi nunca ocupara el centro del relato histórico.

A partir del siglo XVIII, y sobre todo durante el siglo XIX, ese mundo agrario empezó a transformarse radicalmente. Gran Bretaña se adelantó al resto de Europa gracias a la Revolución Industrial, apoyada en el carbón, en la innovación técnica y en los recursos obtenidos a través del comercio y de la expansión colonial. La combinación de energía abundante, materias primas como el algodón y acceso a mercados lejanos abrió una senda de crecimiento que reorganizó la producción, el comercio y la división internacional del trabajo. La globalización nacía así no como una idea abstracta, sino como una nueva forma de conectar recursos, territorios y personas a escala mundial.

La primera globalización, desarrollada entre la segunda mitad del siglo XIX y la Primera Guerra Mundial, no fue solo un aumento del comercio. Fue, sobre todo, una compresión del espacio y del tiempo. El vapor hizo más rápidos y regulares los trayectos marítimos; el ferrocarril conectó puertos, ciudades y zonas productoras; y el telégrafo permitió coordinar precios, pedidos e inversiones con una velocidad desconocida hasta entonces. No solo se movían mercancías: también se movían capitales, noticias y personas. Millones de individuos cambiaron de continente, de oficio y de horizonte vital. Por eso la primera globalización transformó no solo los mercados, sino también las biografías.

El arte permite ver cómo esa transformación global aterriza en la vida cotidiana. En esta obra de la pintora francesa Berthe Morisot, Colgando la ropa a secar, de 1875, varias mujeres tienden ropa mientras, al fondo, ya se adivinan chimeneas y humo industrial. La imagen sugiere que la globalización no dependía únicamente de grandes infraestructuras, sino también de una red de trabajos cotidianos, muchas veces femeninos, vinculados al mantenimiento de la vida urbana: lavar, coser, ordenar, sostener.

Es una economía menos visible, pero imprescindible para que la ciudad industrial funcione. Y el hecho de que esta mirada provenga de una artista mujer añade una dimensión importante: no solo vemos el cambio, sino también una sensibilidad distinta para registrar aquello que el discurso económico suele dejar fuera.

La primera globalización fue también una globalización del gusto, de la moda y del consumo. Esta obra, de la pintora Eva Gonzalés La sombrerera, hacia 1877, y expuesta en el Instituto de Arte de Chicago, muestra a una sombrerera manipulando adornos para un sombrero, y con ello nos introduce en un mundo de oficios femeninos vinculados al comercio urbano, al diseño y a la cultura material de la modernidad. La moda deja de ser solamente una cuestión estética: se convierte en industria, en circulación de mercancías y en signo de clase. A través de este tipo de trabajos vemos cómo las mujeres se incorporan a espacios nuevos de producción y venta, aunque muchas veces en posiciones subordinadas y mal pagadas.


(9) Pero la modernidad económica no creó solo escaparates y novedades; también intensificó formas duras de trabajo asalariado. Edgar Degás, en este cuadro, Mujer planchando, que inició en 1876, aunque no lo completó hasta 1887, retrata aquí a una mujer inclinada sobre una tarea repetitiva, absorbida por el cansancio del cuerpo.

La escena permite explicar que la integración de los mercados no eliminó la desigualdad, sino que muchas veces la reorganizó. La modernidad tuvo ganadores, pero también cuerpos exhaustos, jornadas largas, y salarios bajos. La mujer aparece aquí como trabajadora urbana invisible, imprescindible para sostener el funcionamiento de la ciudad, pero situada en uno de los escalones más frágiles de la economía moderna.

Otro ejemplo lo aporta la pintora norteamericana Mary Cassatt, quien nos ilustra con una escena en su obra La taza de té, realizada entorno a 1880-81. En ella sitúa a una mujer en un ritual cotidiano de sociabilidad burguesa. El té, la porcelana, el mobiliario y la propia escenografía doméstica hablan de una economía internacional de bienes, gustos y símbolos. Esta obra permite introducir un contraste muy útil: mientras unas mujeres aparecen ligadas al trabajo duro y mal remunerado, otras aparecen vinculadas al ocio, al consumo distinguido y a los objetos que circulan en un mercado cada vez más internacional. Así, la globalización se revela también como una experiencia desigual dentro del propio mundo femenino.

En conjunto, la primera globalización puede contarse como una gran expansión de intercambios, pero también como una transformación profunda de la experiencia social de las mujeres. Las vemos en el arte como campesinas, como artesanas urbanas, como asalariadas invisibles y como consumidoras de la modernidad. Y cuando las autoras son mujeres, como Morisot, Gonzalès o Cassatt, no solo vemos ese mundo: lo vemos además desde una mirada que participa críticamente en él. El arte no reemplaza al análisis económico, pero sí lo encarna y lo vuelve visible.

Pero la globalización no avanzó en línea recta. El periodo de entreguerras supuso una ruptura, una desintegración parcial del comercio mundial y una fase de retroceso. En este caso, una obra de arte fotográfico de Dorothea Lange, La madre migrante, de 1936, convierte esa fractura en un rostro. Ya no vemos la promesa de la expansión, sino la vulnerabilidad de una madre rodeada de hijos, atravesada por la incertidumbre y la precariedad. La crisis económica deja de ser aquí una cifra y se convierte en experiencia vivida. Y, de nuevo, es una mujer, la fotógrafa Dorothea Lange, quien transforma la precariedad en una imagen capaz de interpelar a toda una sociedad.

Después de la Segunda Guerra Mundial comenzó la segunda globalización. Pero antes de llegar al mundo del consumo masivo y de las grandes cadenas productivas globales, hay una escena decisiva: la incorporación masiva de las mujeres al trabajo industrial moderno. Laura Knight representa a Ruby Loftus concentrada en una tarea técnica de enorme precisión, en un espacio tradicionalmente masculino.
La obra denominada Ruby Loftus atornillando un anillo de culata, fue realizada por Laura Knight, en 1943. Las mujeres ya no aparecen como figuras marginales de la economía, sino como trabajadoras cualificadas, indispensables para la producción. La autora, además, también es mujer: no solo documenta el cambio, sino que participa de él al convertir el trabajo femenino en una imagen central de la historia económica y visual del siglo XX.

Y sí, la segunda globalización nos lleva hasta el presente, la provocadora artista Barbara Kruger (en 1990), reformula de alguna forma la proposición filosófica de René Descartes del: “Pienso, luego existo”, y resume su lógica con una frase contundente: compro, luego existo.
Ya no estamos ante la mujer que recoge espigas ni ante la obrera de fábrica, sino ante un sujeto construido por el consumo, la publicidad y el mercado. La identidad se formula como acto de compra; el yo se confunde con la capacidad de consumir.
Vistas en conjunto, estas obras permiten contar la globalización de otro modo: no solo como expansión del comercio o como integración de mercados. Como una transformación de la vida cotidiana. Desde la campesina que recoge lo que sobra hasta la consumidora interpelada por la publicidad; desde la madre empobrecida por la crisis hasta la trabajadora técnica que sostiene la industria moderna.

El arte hace visible lo que la economía muchas veces resume en conceptos: trabajo, desigualdad, productividad, crisis, consumo. Y al mirar esas transformaciones a través de mujeres, como figuras representadas y también como autoras, entendemos algo esencial: que la historia económica nunca ha sido neutral, porque siempre ha tenido rostro, cuerpo y género.










(8) La primera globalización fue también una globalización del gusto, de la moda y del consumo. Esta obra, de la pintora Eva Gonzalés La sombrerera, hacia 1877, y expuesta en el Instituto de Arte de Chicago, muestra a una sombrerera manipulando adornos para un sombrero, y con ello nos introduce en un mundo de oficios femeninos vinculados al comercio urbano, al diseño y a la cultura material de la modernidad. La moda deja de ser solamente una cuestión estética: se convierte en industria, en circulación de mercancías y en signo de clase. A través de este tipo de trabajos vemos cómo las mujeres se incorporan a espacios nuevos de producción y venta, aunque muchas veces en posiciones subordinadas y mal pagadas.


(9) Pero la modernidad económica no creó solo escaparates y novedades; también intensificó formas duras de trabajo asalariado. Edgar Degás, en este cuadro, Mujer planchando, que inició en 1876, aunque no lo completó hasta 1887, retrata aquí a una mujer inclinada sobre una tarea repetitiva, absorbida por el cansancio del cuerpo.

(10) La escena permite explicar que la integración de los mercados no eliminó la desigualdad, sino que muchas veces la reorganizó. La modernidad tuvo ganadores, pero también cuerpos exhaustos, jornadas largas, y salarios bajos. La mujer aparece aquí como trabajadora urbana invisible, imprescindible para sostener el funcionamiento de la ciudad, pero situada en uno de los escalones más frágiles de la economía moderna.

(11) Otro ejemplo lo aporta la pintora norteamericana Mary Cassatt, quien nos ilustra con una escena en su obra La taza de té, realizada entorno a 1880-81. En ella sitúa a una mujer en un ritual cotidiano de sociabilidad burguesa. El té, la porcelana, el mobiliario y la propia escenografía doméstica hablan de una economía internacional de bienes, gustos y símbolos.
(12) Esta obra permite introducir un contraste muy útil: mientras unas mujeres aparecen ligadas al trabajo duro y mal remunerado, otras aparecen vinculadas al ocio, al consumo distinguido y a los objetos que circulan en un mercado cada vez más internacional. Así, la globalización se revela también como una experiencia desigual dentro del propio mundo femenino.


(13) En conjunto, la primera globalización puede contarse como una gran expansión de intercambios, pero también como una transformación profunda de la experiencia social de las mujeres. Las vemos en el arte como campesinas, como artesanas urbanas, como asalariadas invisibles y como consumidoras de la modernidad. Y cuando las autoras son mujeres, como Morisot, Gonzalès o Cassatt, no solo vemos ese mundo: lo vemos además desde una mirada que participa críticamente en él. El arte no reemplaza al análisis económico, pero sí lo encarna y lo vuelve visible.

(14) Pero la globalización no avanzó en línea recta. El periodo de entreguerras supuso una ruptura, una desintegración parcial del comercio mundial y una fase de retroceso.

(15) En este caso, una obra de arte fotográfico de Dorothea Lange, La madre migrante, de 1936, convierte esa fractura en un rostro.
Ya no vemos la promesa de la expansión, sino la vulnerabilidad de una madre rodeada de hijos, atravesada por la incertidumbre y la precariedad. La crisis económica deja de ser aquí una cifra y se convierte en experiencia vivida. Y, de nuevo, es una mujer, la fotógrafa Dorothea Lange, quien transforma la precariedad en una imagen capaz de interpelar a toda una sociedad.

(16) Después de la Segunda Guerra Mundial comenzó la segunda globalización. Pero antes de llegar al mundo del consumo masivo y de las grandes cadenas productivas globales, hay una escena decisiva: la incorporación masiva de las mujeres al trabajo industrial moderno.

(17) Laura Knight representa a Ruby Loftus concentrada en una tarea técnica de enorme precisión, en un espacio tradicionalmente masculino.
La obra denominada Ruby Loftus atornillando un anillo de culata, fue realizada por Laura Knight, en 1943.

(18) Las mujeres ya no aparecen como figuras marginales de la economía, sino como trabajadoras cualificadas, indispensables para la producción. La autora, además, también es mujer: no solo documenta el cambio, sino que participa de él al convertir el trabajo femenino en una imagen central de la historia económica y visual del siglo XX.

(19) Y sí, la segunda globalización nos lleva hasta el presente, la provocadora artista Barbara Kruger (en 1990), reformula de alguna forma la proposición filosófica de René Descartes del: “Pienso, luego existo”, y resume su lógica con una frase contundente: compro, luego existo.
Ya no estamos ante la mujer que recoge espigas ni ante la obrera de fábrica, sino ante un sujeto construido por el consumo, la publicidad y el mercado. La identidad se formula como acto de compra; el yo se confunde con la capacidad de consumir.

(20) Vistas en conjunto, estas obras permiten contar la globalización de otro modo: no solo como expansión del comercio o como integración de mercados. Como una transformación de la vida cotidiana. Desde la campesina que recoge lo que sobra hasta la consumidora interpelada por la publicidad; desde la madre empobrecida por la crisis hasta la trabajadora técnica que sostiene la industria moderna.

(21) El arte hace visible lo que la economía muchas veces resume en conceptos: trabajo, desigualdad, productividad, crisis, consumo. Y al mirar esas transformaciones a través de mujeres, como figuras representadas y también como autoras, entendemos algo esencial: que la historia económica nunca ha sido neutral, porque siempre ha tenido rostro, cuerpo y género.

Intervienen

Manuel Ruiz-Adame Reina
Director del Proyecto de Divulgación
Susana Martinez Rodriguez
Directora del Proyecto de Divulgación

Organizadores

Susana Martinez Rodriguez
Directora del Proyecto de Divulgación

Postproductores

Manuel Ruiz-Adame Reina
Director del Proyecto de Divulgación

Realizadores

Manuel Ruiz-Adame Reina
Director del Proyecto de Divulgación

Propietarios

Susana Martinez Rodriguez

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Serie: #MARTEc: Mujeres, Arte y Economía v.2.0 (+información)

Conceptos de Economía vistos a través de la representación de las mujeres en el arte

Descripción

#MARTEc: Mujeres, Arte y Economía v.2.0
Proyecto de Divulgación Científica- Unidad de Cultura Científica (Vicerrectorado de Transferencia, Comunicación y Divulgación Científica
CONVOCATORIA 2024 DE ACTIVIDADES PARA EL FOMENTO DE LA TRANSFERENCIA DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA - MODALIDAD B: TRANSFERENCIA SOCIAL. La finalidad de la convocatoria es financiar el
diseño y desarrollo de acciones y proyectos de divulgación científica, con el fin de favorecer la participación en el desarrollo de publicaciones o recursos divulgativos, la
divulgación en medios audiovisuales e internet, entre los que se encuentran los medios de comunicación, la organización de actividades interactivas, concursos, cursos y/o
cualquier otra vía que sirva para crear y fomentar la cultura científica entre la sociedad.

NOMBRE DEL PROYECTO: #MARTEc: Mujeres, Arte y Economía. Conceptos de Economía vistos a través de la representación de las mujeres en el arte
INVESTIGADORES: Susana Martínez Rodríguez (Universidad de Murcia), Manuel Ruiz-Adame Reina (Universidad de Granada)
DOTACIÓN: 1.100 E

OBJETIVO
Este proyecto, continuación de #MARTEc (2023), pretende a través del uso de obras de arte, vincular los conceptos que en ellas se desarrollan, los medios empleados, o incluso el propio proceso creativo, con conceptos económicos con el añadido de buscar en quien reciba el material generado de hacerle ver un enfoque a menudo desapercibido, la visión de la participación de la mujer. Este enfoque, hasta donde conocemos, es innovador.

INTERÉS Y JUSTIFICACIÓN
La exclusión de las mujeres de los centros de poder y toma de decisiones se ha plasmado históricamente en la invisibilidad de estas. Las mujeres en el arte son musas, alegorías, pero pocas
veces protagonistas de su tiempo, o nombres propios a los que rendir admiración. ¿Cuántas artistas clásicas conocemos? ¿Había mujeres mecenas? Recientemente el Museo del Prado (2026)
lanzó un curso titulado Una asignatura pendiente: Historia del arte y mujeres en el que reflexiona sobre la invisibilidad institucional de las mujeres en el arte (https://www.museodelprado.es/actualidad/actividad/una-asignatura-pendiente-historia-del-arte-y/37274ef3-8731-43b1-92fd-ebff156db654). El interés de esta propuesta radica en que plantea un proyecto de divulgación científica en el que se analizarán un conjunto
ordenado de conceptos de Economía vistos a través de la representación de las mujeres en el arte.Es un tema novedoso y atractivo para el público general y particularmente para el mundo educativo. La divulgación de los conocimientos de generados desde el entorno de la Universidad forma parte del valor añadido que estos servicios públicos aportan. Un enfoque ameno, visual, apoyado en nuevas tecnologías, y transversal suma un atractivo adicional que enriquece la propuesta.
Los conceptos básicos que se manejan en Economía pese a su cotidianeidad, por su presencia continua en medios de comunicación, y redes sociales, siguen siendo desconocidos, al menos en
su manejo preciso. La Economía, hasta fechas y especialidades muy recientes, carecía de un enfoque de género. La economía moderna tiene sus orígenes en el siglo XVIII, y su etapa de formación en el XIX, en
una sociedad androcentrista. Salvo casos explícitos, la disciplina adolece de un enfoque de género, en cuanto a lo que son las aportaciones de las mujeres en su propia historia. El arte siempre ha sido un gran transmisor de ideas y conceptos. Tanto en su vertiente meramente decorativa, como en la más excelsa que se pueda encontrar en colecciones y museos, en sus expresiones arquitectónicas, en la escultura, pintura en cualquier soporte, o incluso de las más relativas a la fotografía, cine o, también, en las nuevas técnicas en otros soportes digitales, siempre tiene una capacidad provocadora que invita a pensar, y desarrollar nuevos conceptos.